¿Qué es más importante, el deseo del caprichoso por tener algo nuevo o el objeto en si y su belleza, su forma, su novedad, …?
Vayamos por partes y empezaremos por el final. El capricho en si mismo no es más que un objeto de determinadas características. Puede ser como sea, tecnológico, tecnológico, tecnológico,…, tecnológico… aunque nos puede valer una camiseta, unas calzonas, unos determinados zapatos o una simple pulsera de cuero con unos remates metálicos que la hacen supersingular, preciosa en su forma y con una hebilla digna de mención.
La conclusiones son, que según la persona, el capricho es de una forma u otra y puede ir desde algo tecnológico -me reitero porque mi santo esta cerca…- hasta un simple pastel que se nos mete por los ojos al pasar por delante de la Confitería Los Ángeles.
Primero fueron los colores, después los olores…hoy le toca a los caprichos como índice descriptor de los seres humanos. Porque el caprichoso es eso, un señor/a que no es capaz de controlar sus ojos, los cuales se salen de sus orbitas cuando ve algo que se resiste a su poder de convicción de gasto cero.
Un caso particular son los boquerones en adobo de Blanco Cerrillo. Ahí los que mandan son los aromas que desprenden y que impregnan toda la calle Velázquez.
Lo dicho, según sea tu capricho, así eres. El caso definitivo está en mi persona. Me gusta todo, sí, todo y por eso me llaman el caprichoso…
¿Próximo objetivo? Bueno, paso de redundancias…
Deja una respuesta