Me miraste a los ojos y me dijiste todo aquello que quería oír, lo que me hizo estar más tranquilo y tener un poco de esperanza. Aunque ni tú misma te creías tus palabras, solo pensabas que así todo me haría menos daño.
Yo no sé si te creí, no sé si llegué a entender algo o no entendí nada. Solo recuerdo que me giré y sin decir más me hundí en mi mundo. Hasta ahí llega mi memoria, las lágrimas cegaron mis ojos e inundaron mi alma de pena.
Luego, cual pesadilla pasajera, amanecía tranquilo entre tus brazos, sin estarlo. Pero el mal sueño estaba en mi despertar, aunque estuviese maquillado con el mejor de los guiones. Nunca entendí como te salió todo tan bien, nunca, y mucho menos lo iluso que llegué a ser.
Los días eran maravillosos, digamos que normales, de ese normal que a veces molesta pero que cuando desaparece te parece lo mejor que nunca has tenido. Pues de ese…
Aunque ya no dormíamos en la misma cama, suerte que había dos, cada uno se duchaba por separado y ya no había ningún ritual en conjunto. Oscurecía el día, llegaba la noche y nos transformábamos en dos extraños, tú no querías conocerme y yo no te reconocía.
Entonces me pedías cosas, a mí que nunca te pedí nada y que siempre hice todo lo que pude. A mí, que no podía irme a la cama si antes no derramaba hasta la última de las lágrimas que se almacenaban durante el día. A mí me pedías comprensión, que no te juzgara, que entendiera que todo había sido culpa tuya, que no habías sido fuerte. A mí…
A mí se me rompía más el alma, si es que algún pedazo grande quedaba, y te abrazaba con el cariño de siempre. Te tranquilizaba, trataba de calmar tu dolor sin haber calmado el mío, haciendo que mis sentimientos se enfrentaran entre ellos. Siendo la confusión tanta que me anestesiaba y por unos segundos olvidaba mi dolor y me centraba en el tuyo.
Luego el tiempo me hizo entender tantas cosas, que ahora me duele más mi ingenuidad que tu daño, el haber pensado dejarlo todo para no haber recibido nada, o simplemente más de tus palabras, que por desgracia, para mí perdieron todo su valor hace tiempo.
Ya ni un “que te vaya bien” me creo y mucho menos sin verte la cara, porque una vez mirándome a los ojos vi el valor de tus palabras…
ÁS_FdN
Deja una respuesta