Ando perdido en mi mundo, que sin ser mío, todos los días tomo como propio, sin pedírselo a nadie, no hay dueño que lo reclame. Camino sin rumbo, sabiendo que en cada paso que doy, me desplazo y avanzo por él. Pese a no saber bien cual es el destino o si existe meta al final.
Por motivos me encuentro cohibido, hay momentos en los que me dejo atrapar y veo como la salida se hace cada vez más pequeña, quizás solo se aleje de mí, siendo del mismo tamaño y cambiando solo la perspectiva.
Una sola puerta necesito, una ventana o un simple agujero en la pared para escapar de esta sala diáfana en la que a veces me encuentro.

Respirar no quiero, allí dentro no, prefiero asfixiarme fuera y disfrutar solo del tiempo que necesite el aire de mis pulmones para salir, de dentro a fuera. Aguantar sabiendo que eso es lo que quiero, aunque sepa que no es lo correcto y que me llevará al fin de mis días. Que importa.
Caminar y ver muros abiertos, con textos escritos que hablen de libertad, de amor y de principios. De valor y sentimientos. Que hablen.
Cuando esto ocurre, me alegro, saco mi alma de borracho a pasear y disfruto con ella. Si tengo miedo, me asusto, susurro a mis adentros y pienso. Miro a mi alrededor y si estoy solo, bebo. Descorcho la botella de la melancolía perdida y brindo con ella, a tu salud y a la mía.
ÁS_FdN
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