Microrrelatos de los utensilios

Llegué a la cocina y la encontré como siempre, donde siempre. El mandil de cuadros grises y negros, con los mismos años que ella. Peinaba canas y sus manos, surcadas…

Llegué a la cocina y la encontré como siempre, donde siempre. El mandil de cuadros grises y negros, con los mismos años que ella. Peinaba canas y sus manos, surcadas de arrugas que le otorgaba sabiduría, asían con paciencia una sartén con castañas y una espumadera de hierro forjado que le hizo su abuelo. Ni siquiera se dio la vuelta, no hacía falta, sabía que ella ya no estaba, pero yo la vi, y me puse a tostar pan a su lado sintiendo aquel olor emulado.

Mayte Valverde


– ¡Vamos mi Sevilla…!

– ¿Qué dices niño?

– Hoy todo me recuerda a mi equipo.

Pues no veas el petardazo de ayer. / – Normal con la goleada de ayer

Por eso, papá, por eso. / – No estamos acostumbrados.

Ángel Salgado

Colocados sin orden aparente,
¿quién los pondría así?
Yacen de forma coherente,
para alguien, no para mí.

De izquierda a derecha
sin respetar tamaños.
La pared un poco estrecha,
¡cuidado no te hagas daño!

Utensilios muy variopintos,
cazo, plato y espumadera.
Luego el primero y el quinto.
De colores cobrizos, ¿no es madera?

Son días de disfrute,
de vacaciones en el pueblo.
Jugando una partida al tute,
disfrutando del abuelo.

Ángel Salgado (II)


Aromas de toda la vida, vida de aromas reconocibles como reconocibles son las cocinas de nuestras abuelas.

Casas pobres con gente rica y gente rica con pucheros aún más pobres que las casas. Y todos eran felices sin saberlo.

Juanma García


Un grabado, un relieve, un rey. Algo tan real como una marmita llena de caldo, dos huevos fritos con cebolla y vino, mucho vino…

Tabernas donde las victorias se contaban por decenas; cientos de barriles disfrutados; ríos y días de vino y ron.

El Navegante

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