
El Betis firmó en el Sánchez-Pizjuán una de esas victorias que pesan. De las que no solo suman tres puntos, sino que te recuerdan quién eres, qué fútbol puedes desplegar y por qué este equipo, cuando está concentrado, es capaz de dominar cualquier noche grande. El rival, un Sevilla desorientado y sin ideas, acabó cayendo por pura lógica: ganó el que supo esperar, leer y ejecutar.
La primera parte fue espesa, de esas en las que cuesta encontrar luces. Ni Betis ni Sevilla conectaron tres pases con intención y las ocasiones fueron casi anecdóticas. Aun así, Abde rozó el gol tras un buen desmarque, pero Odysseas tapó bien. Fue lo poco destacable en un tramo inicial sin ritmo. El Betis, lejos de precipitarse, entendió que había que tener paciencia; que, con un Sevilla tan frágil, la fruta acabaría cayendo sola.
Y cayó. En el minuto 53, Mendy se metió en un lío monumental en pleno carril central. Fornals, más listo que nadie, robó, condujo con personalidad, recortó hacia dentro y definió con una clase exquisita para firmar el 0-1. Un gol que, más que abrir el marcador, abrió el partido. A partir de ahí, el Sevilla se desordenó, Almeyda perdió el control de su propio equipo y el Betis vio un océano por delante para sentenciar.
El segundo llegó en una acción a balón parado. Tras un córner y un balón suelto, Altimira apareció como un martillo. Control, zapatazo y 0-2 directo a la red. Un gol de derbi, de los que se celebran con el alma, porque certificaba algo que ya se veía venir: el Betis estaba siendo mucho más equipo. Y la sensación a pie de campo era clara: si el Betis apretaba un poco más, el marcador podía ampliarse.
Pellegrini firmó un partido impecable. Leyó cada minuto con precisión quirúrgica, no tocó más de la cuenta y encontró en los cambios un impulso decisivo. Fornals completó una exhibición. Abde, tras una primera primera parte tímida, volvió loca a la banda izquierda sevillista. Y Altimira, como si llevara años en esto, remató el choque con carácter.
El Betis sale de Nervión con una victoria que tiene aroma a punto de inflexión. No solo rompió una racha larga sin ganar allí, sino que lo hizo con una madurez que invita al optimismo. Serio atrás, letal arriba y con un plan claro. Ganó el mejor, el más ordenado y el que supo a qué jugar.







