
Veintiún años después, el Real Betis ha vuelto a jugar un partido de Champions League y lo ha hecho de la mejor manera posible: ganando 2-3 al Lille en Francia y demostrando una capacidad de reacción tremenda. No fue un partido sencillo, porque el Lille castigó prácticamente cada error defensivo y se puso por delante hasta en dos ocasiones. Ueda hizo el 1-0 tras una acción en la que la defensa verdiblanca concedió demasiado y, cuando parecía que el partido podía complicarse, apareció un protagonista inesperado: Marc Bartra. El central empató de cabeza y volvió a hacerlo después del 2-1 de Alexsandro. Dos goles de Bartra en una noche de Champions que difícilmente olvidará.
Más allá del resultado, me quedo precisamente con la personalidad del equipo para levantarse dos veces. El Betis tuvo momentos de buen fútbol, con un Fornals a un nivel altísimo, Riquelme buscando continuamente hacer daño e Isco apareciendo entre líneas, pero también volvió a mostrar algunas de esas debilidades defensivas que ya vimos ante el Levante. Y en Champions los errores se pagan muchísimo más. La diferencia es que hoy, cada vez que el Lille golpeó, el Betis respondió. No se salió del partido, siguió jugando y terminó encontrando espacios hasta conseguir algo que hace apenas unos años parecía lejísimo: competir de tú a tú y remontar un partido fuera de casa en la máxima competición europea.
Y entonces volvió a aparecer Troy Parrott. Antony recuperó la pelota, el irlandés se fabricó la acción y terminó haciendo el 2-3 para completar la remontada. Segundo partido consecutivo marcando después de decidir también ante el Real Madrid y una demostración de por qué puede ser un futbolista importantísimo esta temporada. Poco después, Ethan Mbappé perdió completamente los papeles y fue expulsado tras una agresión a Natan, dejando al Lille con diez. A partir de ahí el Betis supo manejar mucho mejor el encuentro, algo que también hay que valorar: después de un partido absolutamente loco, cuando tocó bajar pulsaciones, tener la pelota y proteger el resultado, el equipo tuvo la madurez suficiente para hacerlo.
Y quizá lo más bonito de todo sea poner esta victoria en perspectiva. Han pasado 21 años desde la última vez que el Betis jugó la Champions y el regreso termina con tres puntos fuera de casa, una remontada, un doblete de Bartra y Parrott apareciendo otra vez en el momento decisivo. Hay cosas por corregir, especialmente atrás, porque conceder determinadas facilidades contra los grandes equipos europeos puede salir carísimo, pero hoy no es una noche para quedarse únicamente con eso. Después del varapalo del Levante, el equipo respondió ganando al Real Madrid y ahora vuelve a hacerlo conquistando Lille. Tres puntos de Champions al bolsillo y la sensación de que este Betis no ha vuelto a Europa simplemente para hacerse la foto. Ha vuelto para competir.
