3:15 a.m.
No puedo dormir… Me desespero de rodar por mi cama sin conseguir conciliar el sueño. Decidida a no pasar ni un segundo más bajo las plumas me dejo llevar por la idea de salir a la calle en este preciso momento. Me visto con lo primero que pillo sabiendo que el abrigo cubrirá el resto. De todas formas, no creo que me encuentre a mucha gente a estas horas por la calle.
Al abrir la puerta del portal me recibe una bocanada de aire frio. No es una noche excesivamente gélida pero el calor del hogar ya casi ha abandonado mi cuerpo. Pese a ello estoy bien, las ropas me protegen y la ciudad está a mi disposición. No sigo un rumbo fijo, doblo en la primera esquina que me encuentro, continúo recto si me gusta la calle por la que voy y, sobre todo, no me detengo en ningún momento. No me apetece ir a ningún sitio concreto, sólo quiero caminar y realmente estoy disfrutando el momento. Jamás había estado sola por las calles a estas horas. Sé que no es muy prudente. La mirada de un gato, que se me cruza extrañado de mi presencia, me recuerda que no debería estar aquí. Aun así, continúo caminando…
A pocos metros de mí se encuentra un vagabundo rebuscando entre la basura. No estoy dispuesta a detener mi paso. Por lo general estas personas no son peligrosas, se dedican a vivir su vida en la que es su casa. Están tan acostumbrados a los demás inquilinos que si no perturbas su actividad ni siquiera se dan cuenta de que existes. De una forma tranquila y sigilosa lo sobrepaso en mi camino y me voy alejando de él sin que se haya detenido ni un solo segundo en dedicarme una mirada.
Tras unos cuantos minutos más decido sentarme en la plaza a la que mis pies me han hecho llegar. Me deleito en el sonido del agua al caer desde lo más alto de la fuente que gobierna la plaza. Me acurruco casino online al máximo en mi abrigo, tapándome el cuello con su solapa, y dejo divagar mi mente a través de las pequeñas cortinas de agua. Tras una de ellas se empieza a enfocar la figura de un hombre. Ahora si ha reaccionado mi cerebro, alertándome de que la situación no es la adecuada. Me levanto, de una manera natural para evitar llamar su atención, y empiezo a abandonar la plaza por la calle de mi derecha, cuando la pared de la misma comienza a no dejarme ver la plaza el extraño aún no se ha adentrado en ella. Continúo con paso firme hacia el final de la calle para doblar la esquina cuando me doy cuenta de que está detrás de mí y ahora sí que me ha visto seguro. El corazón empieza a acelerar su ritmo. El desconocido comienza a hacer ruido con las llaves. Aligero el paso sin demostrar miedo para no excitar a un posible agresor. Cuando vuelvo a mirar hacia atrás sólo he conseguido ver de refilón uno de sus zapatos entrando en un portal. La risa nerviosa asoma en mi rostro y el ritmo cardiaco va recuperando su son natural.
De repente… Me doy cuenta de hasta donde he llegado… Las puertas del cementerio están cerradas y yo… Salgo corriendo…
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