Hoy no me sale escribir una crónica normal, no me sale porque mi corazón sevillista no me lo permite. Soy así, no hay más. Hay cosas que van más allá del entendimiento y mi sentir sevillista es una de ellas.
Con la ilusión de ver a un Sevilla canterano (6 de 11) y de la última oportunidad de engancharnos a Europa empezaba el derbi. Y que mejor manera que de empezar que con el gol de Negredo en el minuto 5.
Pues nada, un equipo que falla ocasiones, que pierde balones absurdos, que regala faltas peligrosísimas e innecesarias y que comete errores de benjamines o ni eso…
Pese a que tuvimos ocasiones para marcar más goles, no lo hicimos. Aun yendo por delante del marcador seguimos con nervios y nos dejamos ganar terreno poco a poco. El equipo desaparece, como tantas veces, y el rival se da cuenta y lo aprovecha.
Nos hacen el empate en una falta que Varas se come, sí se come. El balón va a su palo y a una altura parable para cualquier portero. Y eso sobre el minuto 42, psicológico que le llaman. Estaba claro que iría a ese palo, tras el gol de la ida.
Nosotros fallábamos ocasiones y hasta hay que dar las gracias de que jugáramos con 11 tanto tiempo por la entrada de Negredo.
La primera parte fue un partido bonito, para el que no sienta, pero tras el descanso el partido fue un desastre y dentro de ese desastre el Sevilla fue mucho peor.
Los cambios malos, Rakitic no está para jugar, a Babá con tan pocos minutos solo se le vio movilidad, y Luis Alberto fue testimonial. Un centro del campo con Medel solo es inviable y el rival nos fue cogiendo el sitio.
Y para colmo en el descuento, otra falta (no podía ser de otra manera), por el mismo palo y tras fallo brutal de la barrera que salta y deja vendido a Varas. Dos balones parados y dos goles tras dos fallos… ¿qué queremos?
Hemos creído y yo el primero en que era posible, pero también siempre he dicho que quizás nos viniera bien un año sin Europa y con un palo gordo para analizar con la sangre fría que merece el devenir de tu/mi/nuestro Sevilla.

Y ese momento es ahora, Europa es una quimera, y para colmo el eterno rival nos adelanta. ¿Qué mejor momento?, ya pasó el año de nuestro centenario y nos hicimos más grandes. No pasa nada por hacer autocrítica real y empezar a volver a hacer las cosas bien.
Que pena que no nos dejaran disfrutar de un Sevilla que ganaba y que hacía partidos bastante buenos y con solvencia, que pena. Pero ellos tenían razón, había que exigir y esa exigencia era buena. Esos eran los sevillistas de verdad. Y que bien nuestro presidente poniendo el listón tan alto como esa grada soñaba, aunque no fuera real.
Que pena de tantas cosas, pero repito, es el momento de dejarse de lamentaciones y volver a hacer las cosas bien. Dejarse de historias, remar todos a una y empezar un proyecto nuevo. Un entrenador que mire a la cantera y haga jugadores. Una limpia en la plantilla, aunque se pierda dinero. En peores momentos hemos estado y hemos salido.
Y ahora pues a dar minutos a los jugadores que se puedan vender y a las apuestas de futuro. La temporada está acabada, aunque quizás estuviera acabada hace tiempo.
Como dijo Antonio García Barbeíto, “más que mi corazón me late tu escudo” y hoy a mí me sigue latiendo e incluso más fuerte. Porque soy y seré sevillista hasta la muerte.
ÁS_FdN
Deja una respuesta