Hoy retomamos una nueva sección, un poco abandonada, como es la de los dioses de la tribu.
Hace 12 años, se evaporó, término adoptado por uno de sus grandes personajes, Alex DeLarge, el gran fotógrafo de la historia del cine. Su profesión director de cine, su afición la fotografía.
Un amateur como el que escribe en temas fotográficos admira profundamente a este genio ya que si grandes fueron todas sus obras, mejores fueron las fotografías que tenían dichos rollos.
Stanley, newyorquino de nacimiento no se caracterizó por ser el típico director. Su cerebro no estaba diseñado para realizar películas en serie. Me atrevería a definir su obra como un conjunto de fotogramas interpretados.
Quién no ha visto Espartaco…pero no la serie magnífica que emiten en digital +, no, la película, la de verdad, en la que Kirk Douglas y Laurence Olivier hacen la interpretación de su vida metidos en el papel de dos gladiadores para la historia… Un guerrero tracio sin escrúpulos, esclavo porque lo dice el destino. Destino que el propio Espartaco se dedica a cambiar…
Y qué decir de La chaqueta metálica y Lolita. Nunca podré olvidar la escena del excombatiente americano en silla de ruedas ni a esa niña atractiva que a cualquier hombre “pondría de los nervios”…
Quién no ha pensado alguna vez cuando atraviesa un pasillo con encontrarse al otro lado a esas dos gemelas aterrorizantes y ha terminado el “paseo” más rápido de la cuenta… 2001 Una Odisea en el espacio, Eyes wide shut o Teléfono rojo volamos hacia Moscú son otros títulos para la historia.
Pero bajo mi modesto entender, su obra maestra es La Naranja Mecánica. En ella narra de forma escabrosa la historia de una sociedad, en aquel entonces del futuro, y que mucho se parece a la que tenemos actualmente. La sociedad domesticada ante la manipulación y el desprecio del medio que lo rodea.
Este film, nos describe a un chaval de 17 años, Alex, como jefe de una patulea de chavales cuya única misión en la vida es sentirse fuertes estando en “piaras”, los cuales no se atreven a nada por separado y lo refleja más intensamente en su jefe. Los vicios de este energúmeno, escuchar la novena sinfonía de Beethoven, el sexo duro y la violencia llevada a su máxima expresión. Su grupo, una cuadrilla de borregos que hacen y deshacen al son del jefe y que visten todos igual: camisa y pantalón blanco, tirantes, protector genital, botas militares, bombín inglés y botas militares.
Alex era despiadado, uno de esos que hoy se escudaen que la sociedad lo ha hecho así para justificar sus actos de violencia incontrolada y sin fundamento en que basarlos. Sus padres pueden representar un problema, síntoma de lo que son todos los demás seres vivos que habitan su mundo. Todos están equivocados menos él, todos.
Las violaciones y las palizas a personas indefensas son un continuo en la vida de Alex hasta que por “azar del juego”, es condenado a prisión por un crimen que no cometió. ¿Realmente se estaba siendo injusto con él? Ustedes dirán…
Después de un período entre rejas, le proponen someterse a un tratamiento que acabará con esas tendencias salvajes, el tratamiento Ludovico. Atado de pies y manos y obligando a sus ojos a ver lo expuesto en una pantalla de cine (grandes primeros planos de Kubrick con esas ataduras en los párpados) mientras se escucha la novena sinfonía de Beethoven. Este proceso implica “domesticar” esos sentimientos y hacer sentir al personaje mal cada vez que ve contempla una acción violenta de las que muy bien podría ser él mismo protagonista.
Pasado un tratamiento, el bicho inmundo e inmoral que mortificaba a todo aquél con el que se encontraba se viró a un corderito amaestrado, temeroso y timorato al cuál todos trataban de devolverle los “regalitos” prestados anteriormente. Sus padres se deshicieron de todos sus “joyas”, incluso sus “amigos” pandilleros se tomaban la justicia por su mano. Y él ni se defendía…
Tal fue el “daño” psicológico que le hizo el Estado al pobre ciudadano que el Ministro se personó ante el protagonista, pidiéndole disculpas por todo lo ocurrido, justificando su conducta en una orden de arriba y ofreciéndole un trabajo de “ funcionario”…
Una de las últimas escenas nos muestran un Alex contrariado por todo su pasado, en la casa de un señor en la cual se cometió el crimen. Pasados tantos años, este anciano no lo recordaba pero cometió un error. Cantando bajo la lluvia salía de su boca, lo cual hizo recordar al viejo quién era. Lo drogó y lo obligó a “evaporarse”, para lo cual, el “pobre” Alex se tiró por la terraza. Mala suerte para todos que sobrevivió…
El fin de la película nos la cuenta el “pobre” DeLarge que recobrado su instinto, tras su estancia en el hospital, concluye el rollo con una escena pornográfica en la nieve siendo coreado por una serie de ricachones serviles…
¿Quiso Kubrick reflejar a la sociedad encarnando un personaje con conducta extrema o simplemente ideó un individuo opuesto a él? ¿Por qué todas sus películas rozan los limes permitidos por la ética y la moral de la sociedad?
¿Un provocador o un visionario? ¿Podría la figura justiciera de Espartaco, curiosamente, muerto crucificado competir en malas artes con Alex DeLarge o caería rendido ante los movimientos e insinuaciones sugerentes de Lolita?
Si alguien tiene alguna reflexión que concluya todo lo expuesto, es el lugar adecuado y el momento preciso…


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