Abrir una ventana deseando que con el aire nuevo venga la luz a la opaca sala en que te encuentras retenido, con la mirada turbia sin destino fijo. Empujar una puerta con fuerza para salir corriendo, escalera abajo sin mirar atrás, con la única intención de querer notar el frío de la calle, la brisa del viento helado que se adueña de las aceras nevadas. Saltar la cancela que rodea tu hogar, limitando lo tuyo de lo compartido, de los demás, impidiendo que sea un todo para todos.
Y correr, correr mucho sin pensar en nada y meditando cada paso que das, cada esquina que giras, una a la izquierda, otra más y quizás avances sobre tus propios pasos. Deslízate por otra calle, otro camino alternativo que te haga volver a tu casa cuando las ganas de libertad queden cubiertas por las de volver a esas cuatro paredes y ese cielo de madera que forman mi aposento.
Hacer y deshacer para volver a hacer, sin mirar atrás y sin ponerse fronteras. Lanzar la piedra lejos para que caiga, como poco, cerca. Acortar el camino hacia la meta, sin trampas y sin dejarte a nadie atrás, eso nunca.
Abrir una ventana, una puerta o una cancela. Abrir tu alma, tu corazón y tu sentir. Abrir para dar, abrir para recibir, abrir para vivir.
ÁS_FdN
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