No recuerdo qué día te presentaste delante de mí con ese aire tan cautivador, flotando en el ambiente con esa elegancia evolucionada con el paso de los años. Siempre sentí una atracción pura hacia ti, respeto y admiración pese a ser un atrevido y arrogante principiante.
En mis ratos libres necesitaba saber dónde estabas, te buscaba y cuando te encontraba me dejaba llevar, aunque a veces tuviera que invertir tiempo ocupado para ello. Muchas veces nos veíamos a escondidas y esos eran los mejores momentos. Naturalidad entre los dos, sin que nadie nos viera y sin querer dejarnos ver. Creo que casi siempre lo conseguimos.