Al parecer, un ataque de soledad ha provocado que muchos científicos adictos a la cerveza se pongan a investigar sobre el proceso “microscópico” de la cerveza y cómo el gas en su interior se mueve en el seno de tan rico y, normalmente, fresquito fluido.
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No llegamos a entender como científicos de la Carlos III de Madrid se han puesto manos a la obra con lo feo que está el beber cerveza y con lo que nos critican a los del sur por ello.
Al parecer, cosa que tampoco es mucho de extrañar, el gas que contiene el rico y rubio manjar, en forma de burbujas, se rompen en el interior del fluido formando otras burbujas más pequeñas que por un motivo de volumen/densidad viajan a la superficie del liquido provocando que un mal tirador de cerveza derrame cantidades de líquido que deberían ser ingeridas por los paladares más exquisitos.
Todo esto ocurre en Madrid y ahora sí le encontramos explicación, porque serán unos negados en lo que a verter cerveza procedente de un barril con tanque de salmuera. En Sevilla, a nadie se le ocurre pensar en dichas burbujitas por razones tan evidentes como que cuando nos echan la primera, estamos pensando en lo rica que va a estar la segunda, en la “pataíta” al olivo que le debe dar el “jefe” y porque dicho señor es muy complicado que se le escape, mililitros a otro lado que no sea a esos dos deditos en una cañita que se guarda para refrescar su garganta…
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Cosas de madrileños…
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