Medito mientras las manchas de mi ropa desaparecen. Observo el agua y cómo el tambor gira, hay muchos más girando a mi alrededor. El tiempo pasa entre giros, la vida en la lavandería se para, hasta que termina.
Gira, todo gira. Gira la Tierra y nosotros giramos con ella. Giro a giro vamos cambiando, rotando en nuestro ser. A veces son giros rápidos que nos tumban y nos desplazan, otras veces los giros carecen de fuerza y velocidad suficiente y acabamos en la misma posición, casi inmóviles.
Giras tú, giro yo y gira el tambor de la lavadora. La del número 1, también la del 2, la número 3 está vacía, no gira. Permanece impaciente, con su puerta abierta, cual niño deseoso de absorber lo que en la vida le espera. O acaso no hay parte de nosotros en las ropas que echamos a lavar.
Giro a giro desaparecen las manchas absorbidas por la vida. Y tras los giros, la calma. Nadie usa la número 3, sigue vacía. Ya tendrá la suerte de ponerse a girar, como sigue girando la Tierra y como gira mi vida y mis ropajes. Y entre tanto, con los giros ya en marcha, la espera habrá merecido la pena.
La número 1, la mía, ha dejado de girar, se ha parado. Va por ti, hasta la próxima compañera.
ÁS_FdN
@filosofoNervion
celia says
12 marzo, 2014 at 11:27Buena semejanza de la vida con la colada en la lavadora. Efectivamente siempre vamos girando, unas veces estos son buenos, otras nos vapulean, pero de todos sacamos aprendizaje y es positivo. La lavadora que no este activa, es una pena, porque es como si estuviera inservible, muerta, por eso los giros son siempre buenos, aunque a veces nos cuesta asimilarlos. Un abrazo
MAREADO says
12 marzo, 2014 at 18:19Tanto girar me ha dejado el coco loco…