
Una flor….
Una flor mustia.
O caída.
O reventá.
O caida y mustia y reventá.
Cómo mejor te venga.
Algún malaje que pasaba con un ramo por ahí y se le ha caído y no se ha parado a recogerla, hombre…
Pués mira!!!
Yo le deseo que, cómo correspondencia, se le seque la hierbabuena hasta el año que viene.
¡Por lo menos!!!!
La Renacida
Encontré una flor caída, luego vinieron otras. Las fui recogiendo en mis bolsillos, en mis manos. Al final del paseo había un manzano, cuyas ramas habían sido agitadas por el viento. Las coloqué con esmero, pero el viento las volvió a tirar. Valió la pena jugar a ser primavera.
Calila
Tras el fuerte ventarrón la flor ha caído, lánguida y triste yace en el suelo, después de ser parte de un hermoso bouquet.
Queriendo gritar de miedo, no sale su voz al vuelo, si destino más que incierto la lleva a un desespero.
¿Volará con el viento?
Manuela Sánchez
Denotaba fragilidad esa flor caída. Un ramo tan hermoso finalmente tenía los días contados. Cumplió de sobra su función, derrochando amor verdadero y esa pizca de gratitud que tan bien sabe, tan bien sienta.
Patricia Delgado
Regalan flores como símbolo de vida, de alegría y celebración .
Flores que fueron arrancadas de su vida, de su alegría, sin concienciación.
Ángel Salgado I
Con la ilusión en su mirada y un ramo de flores en la mano, así llegó a la cita. No pasó mucho tiempo allí. Tras su marcha, solo quedó una flor en el suelo. Símbolo de lo que nunca debió haber pasado.
Ángel Salgado II
La vida es un jardín enorme de flores de colores. No arranques ninguna, plantemos juntos la siguiente.
Ángel Salgado III
I
La flor cayó y su fragancia se desvanecía entre el polvo. Así, cada lágrima suya trazaba senderos que acariciaban su rostro, como pétalos marchitos que la tierra reclama. Su pena, invisible para otros, florecía en silencio, desbordando un dolor que el mundo nunca supo cosechar.
II
Se creyó eterna en su belleza, ajena al tiempo que susurraba finitud. El día llegó, y al caer, la flor sintió el frío del suelo. Comprendió entonces que su caducidad no era tragedia, sino el destino inevitable de su vida.
III
Fugaz estrella en la brisa,
Luz que al alba se desliza.
Oscila el pétalo en su amor,
Rindiendo al viento su esplendor.
Anita
I
Y el viento, que tanto ondeaba sus pétalos haciéndola lucir más bella, la traicionó y la caída fue definitiva. Maldito traidor.
II
Una lágrima en la arena
Una flor en la acera
Caídas en paralelo
Maldita gravedad de los hechos.
III
Tan frágil y delicada, cualquier cambio le afecta y luego levantarse es imposible
Juanma García
Despojada de raíz y sentido, su caída, lenta pero inexorable, reflejaba el ocaso de una sociedad que, en su afán por la inmediatez y lo actual, olvidó la raíz de sus virtudes. Entre peñascos, yacía el símbolo marchito de valores otrora firmes, ahora sustituidos por sombras triviales.
Nemesio Laverde
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