Microrrelatos de la mirada

Sola en la sala de cine, como en un pase privado. Al girar a la derecha percibió una mirada perturbadora. El encantó se quebró, le entró el pánico y cuando…

Sola en la sala de cine, como en un pase privado. Al girar a la derecha percibió una mirada perturbadora. El encantó se quebró, le entró el pánico y cuando encendieron las luces, no había nadie. Nos lo contaba aterrorizada. “Todo por ir al cine de tres dimensiones” dijo Alberto.

Calila


Caminar pensando en su mirada, mientras camino siguiendo la suya.

Ángel Salgado I

Hay miradas que dicen, hay miradas que hablan. Algunas hasta enamoran y luego hay otras que te dejan sin palabras.

Ángel Salgado II

Necesito cerrar los ojos y ver. Mirar en mi oscuridad para encontrar la luz que me devuelva las ganas de volver a mirar. Quizás, sea entonces.

Ángel Salgado III


No digas nada, que duele. No crucemos palabras, no es necesario. Esa mirada se encargó de delatarte. Cuán profunda puede ser y que desgarradora. Aún así, nos fundimos en un abrazo, ese inagotable, el mismo que conservo como eterno…

Patricia Delgado


Aquella mirada tan dulce y tierna, que mi alma atesoraba, hoy se siente tan distante, perdida en la niebla del recuerdo. ¡Qué difícil es dejar ir!

Manuela Sánchez


I
El señor miraba con ternura desde el altar. En la cesta de caramelos, la Virgen parecía sonreír. El monaguillo, con los bolsillos llenos de azúcar, no sabía de dogmas, solo de dulzura y juegos. Su fe era un gesto: compartir hasta el último caramelo sin pedir nada a cambio.

II
Los ojos de Cristo, serenos, se posaban sobre el pequeño que ofrecía caramelos.. En cada caramelo, una infancia intacta: manos pegajosas, pasos torpes, una risa. Ningún sermón enseñaba tanto como ese instante entre la inocencia y el incienso.

Anita


En la cesta del monaguillo, los caramelos brillaban como promesas pequeñas. El Cristo de la Sed, inmóvil y eterno, bajaba la mirada sobre aquel tesoro dulce. No pedía agua: bastaba con aquella inocencia infantil, efímera y sincera, para calmar por un momento la sed del mundo.

Nemesio Laverde

I
La inocencia de aquella bonita monaguilla que, con cara incrédula, y tras darle un caramelo a mi hija, me pregunta para qué hacía esta foto. Eso es la Semana Santa primera.

II
Estampas, caramelos, un canasto,… Sevilla

Juanma García

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