
Era un pillo. Sabía donde esconderse del calor. Saltaba ágil y se encaramaba al alféizar de la ventana a través de la reja. En el convento ya lo conocían y la novicia lo esperaba con un cuenco de leche y pan migado. Era el gato más mimado del barrio.
Calila
I
Tras los barrotes, no hay prisionera: hay historia. Mujeres que miraron el mundo desde ventanas cerradas, tejieron futuro entre sombras y resistieron. Hoy, el hierro es símbolo de lo que rompimos. Y de lo que aún queda por romper.
II
La pared cruje con la voz de todas las que no pudieron salir. No era cárcel, era casa. No era seguridad, era encierro. Hoy, miro esos barrotes y no veo miedo: veo la fuerza de las que aprendimos a mirar de frente.
III
Resisto el muro que me impusieron,
Encierro ya no es mi destino,
Juro alzar la voz, aunque tiemble,
Abro mi alma y salto el camino.
Anita
I
Agarrado a ella vi pasar la historia ante mis ojos…
II
El tiempo inexorable que no se ve,
indicio de su paso en los barrotes
Civilización que vive a golpe de fe
Padres y abuelos remojando sus bigotes
Juanma García
I
La reja oxidada susurra siglos de encierro voluntario. Detrás, una sombra se asoma cada tarde, como si el pasado aún reclamara su espacio. No hay morador, solo memoria atrapada en piedra y hierro.
II
El sol golpea el muro áspero, pero no logra colarse entre los barrotes. Esta ventana, que fue testigo de promesas, ahora solo observa el silencio. A veces, la libertad no necesita cadenas, solo una casa que se olvide de abrir.
III
La ventana enrejada es la fachada de una sociedad que se protege del mundo mientras se encierra a sí misma. Hierro recto, muro firme, miedo antiguo: creemos ser libres, pero vivimos mirando desde dentro, tras barrotes que nosotros mismos forjamos.
Nemesio Laverde
Trás la reja, sosegada, pasaba las mañanas, las tardes y gran parte de las noches.
Atenta a los ruidos, a las sombras y los pájaros, la reja de convertía en su escudo y su cárcel.
Al amanecer el hierro empezaba a calentarse al sol y las flores se abrían a su luz desde el primer rayo.
La reja representaba un mundo.
Y ese mundo era seguro y brillante.
Y la gata, feliz, disfrutaba en el alféizar.
La Renacida
Preso de mis penas, busco consuelo en tu mirada al pasar distraída por delante de mi reja.
Ángel Salgado I
Intentó escapar, eso es seguro. Forzó, como pudo, la reja inferior.
Cuando ya casi estaba fuera, llegó el procurador con una orden de liberación.
Ángel Salgado II
La reja en mi alma
se oxidan con el tiempo.
Las lágrimas la moja
y nadie seca mi lamento.
Ángel Salgado III
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