
En la indómita oscuridad, la perpleja luz se vislumbra, al ascender por los fríos escalones de la casa habitada desde las profundidades universales. Dos columnas de fuego se presentan, impolutas sobre la inmensidad de los mármoles dibujados en damero, en el cual sus opuestos se unen, según el ojo del observador.
Un viejo reloj de arena detenido en el tiempo inmerso en un universo oscilante entre situaciones límites e incoherentes y otras en pura salvedad.
Aquel que puede ser dentro de si mismo, habitará entre columnas de fuego, sobrevolando el damero en su universo del más allá.

Nora says
6 agosto, 2025 at 18:40Felicitaciones sinceras por esta pieza tan poderosa y evocadora! Leer tu texto es como asomarse al borde de un sueño , o de un ritual. Gracias por compartir esta obra que no solo se lee , sino que se experimenta.
Miren says
6 agosto, 2025 at 19:22Siempre magistral
Cris says
7 agosto, 2025 at 04:02Muy logrado Gus