
—S., si te gusta escribir, escribe.
—¿Pero es serio lo que escribimos?
—Es serio lo que escribimos.
—Los lectores despistados creen que
no existe la seriedad en nuestras palabras.
—Pues si hay algo que tengo claro es que
la rectitud y el rigor son esenciales
para escribir un ensayo o un diálogo.
—Dejaremos claro que es una auténtica tontería pensar que
la comedia y el entretenimiento alimentarán nuestros escritos.
—Como tantas otras veces,
trabajaremos por dejar claro que
la formalidad será objeto crucial de nuestro rol como escritores.
—No sé, sigo viendo que quienes nos leen piensan que
vamos a seguir escribiendo banalidades sin mucho trasfondo.
—Te juro que me encargaré de que
se destruyan textos con cosas que pretendan hacer gracia.
—Eso es, no aceptamos que
nuestros lectores vienen aquí a divertirse.
—Proclamemos bien alto que
sobra el cachondeo y el mamoneo entre nosotros.
—Continuaremos escribiendo.
Tenemos que estar de acuerdo en que
seamos serios.
—S., si te leyeran al revés te entenderán.
—Seamos serios.
—Tenemos que estar de acuerdo en que
continuaremos escribiendo.
Sobra el cachondeo y el mamoneo entre nosotros.
—Proclamemos bien alto que
nuestros lectores vienen aquí a divertirse.
—Eso es, no aceptamos que
se destruyan textos con cosas que pretendan hacer gracia.
—Te juro que me encargaré de que
vamos a seguir escribiendo banalidades sin mucho trasfondo.
—No sé, sigo viendo que quienes nos leen piensan que
la formalidad será objeto crucial de nuestro rol como escritores.
—Trabajaremos por dejar claro que,
como tantas otras veces,
la comedia y el entretenimiento alimentarán nuestros escritos.
—Dejaremos claro que es una auténtica tontería pensar que
para escribir un ensayo o un diálogo
la rectitud y el rigor son esenciales.
—Pues si hay algo que tengo claro es que
no existe la seriedad en nuestras palabras.
—Los lectores despistados creen que
es serio lo que escribimos.
Roma, 11 de febrero de 2011.

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