
Siendo yo aún estudiante
y currela en pizzería,
me preguntó en el parque
un amigo que tenía:
«N., ¿tú pa ser feliz
qué preferirías?»
No recuerdo qué le expuse
ni qué fue lo que diría.
Pero si hoy pienso en mis adentros
la respuesta que daría,
más o menos sería esto
lo que le contestaría:
«Una familia, una pareja,
un chaval o un hombretón,
son ya felices y alegres
si cuentan con amor.
La gente que tiene eso
está hecha de otra pieza.
Se levantan en la mañana
con las pilas ya puestas.
Transcurren el día con ganas
y soportan con paciencia
las vicisitudes que la vida
sin avisar les presenta.»
El amor no cuesta dinero
ni se declara a Hacienda.
Basta corresponderlo
hacia quién te lo demuestra.
De la mejor manera que sepas
sin reparar en la cuenta
de quién da más o quién da menos,
de si lo sabes o si es sorpresa.
Si pudiera volver
a ese parque que os contaba
me sentaría de nuevo
como si nada pasara
y a ese joven que fui entonces
le diría hasta con guasa:
«¡Juancojones, dale caña!
¡Que la vida se te pasa!
Quiere a quien te rodea,
agradece que el balón te pasan.
Búscate una esquinita
desde la que lances tu alma,
que seguro, con empeño,
es triplazo de la manga.»
Hoy entre vosotros me encuentro.
Os doy mi mayor gracias.
Por acompañarme en la vida
sin pedirme ni una tasa.
Ayudándome a querer
a la reina de mi casa.
¡Se descubrió el pastel!
¡La sorpresa se destapa!
Mi sexto sentido decía
que este año te tocaba.
Que la sorpresa del año once
querrías afrontarla.
Qué peasssso tinclao.
Que bien que se lo pasan.
Cómo me has engañao,
con la pajarita, ¡qué falsa!.
Pero yo vi venir esto
y he jugado mis cartas
y ahora te digo en verso
lo que a solas pienso en casa:
Me encanta estar contigo,
me enamoras con tus detalles.
Nuestras hijas son felices
con su padre y con su madre.
A. baila sevillanas
de un modo espectacular
y R. se le une
cuando se ponen a jugar.
Son ambas dos corazones
que crecen junto a nosotros
y aunque a veces hacen trastadas
y dejan algo roto,
te sueltan en tu idioma,
«¡Mamma, Io non sono!»
Nos toca seguir luchando
y reafirmo mi compromiso:
¡Pa to la vida!, si quieres.
¡Pa siempre!, con tu permiso.
Son pocos los once años.
Es poco el tiempo vivido.
Si pienso que hasta la muerte
me queda estar contigo,
estoy deseando seguir
como si fuera el inicio.
Así que, ¡tol mundo pa casa!
que tengo un deber de marido.
Aquí me despido de ustedes
que tengo un gran cometido:
debo corresponder
todo el amor que recibo.

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