
En el espacio en el que espera resurgir como un espejismo de dulce cuna, sus delirios son más tersos que haberse fragmentado en mil receptáculos de ilustre paz; esa de mansedumbre etérea. Y como quién gobierna a los terrenos más delimitados; el poderío y decoro de lo que es principado de supremas delicias; revienta el orgullo y a la realidad más precisa como quién es escarcha de tersura de terror de termómetros de mercurio.
Ante lo que es ejecutado como quién es lo que se cubre a la espera del magma de sus hegemónicas versales; siente a la espera que haberse fragmentado es más que una carta de presentación ante relicarios apagados; como ante lo que sobreviene ante él y ante la antesala de lo que se avecina. A la de treinta y seis veces el tiempo delimitado se hace a la espera de lo pudiente como quién lo marchito es a la espera de lo desganado de quién es más conciso.
Pero si se hubiere fragmento en valías de más de torbellinos que están allí; a la espera de lo que pudiera ser preciso; es lo que es más delimitado ante el principio del principado de lo más etéreo que se pudiera recrudecer. Como quién gobierna ante lo que se reescribe en su piel de ébano, marfil, terciopelo de cruda prudencia. Como quién es solícito ante lo que es más de rectitud más plenaria; como si a la rectitud que fuera de lo que es más endeble y a la que más es más intransigente.
El terrario del ingenio sometido al decoro de lo alveolado; es por eso que es confín de sus anemonas. Si fuera una realidad más insana, sometida al decorado y a lo mesurado de las formas; no fuera a repartir lo más entrañado de lo desdichado. Eso que pudo haber sido si no hubiera porque habría encontrado el camino para ser más gesticulado de las acequias primitivas.
Quién hubiera sido el recoveco de lo que es idea a sus entrañas de lo que es más de luminaria embeleso; quién fuera una ninfomaníaca fantasía, si fuera una hebra del terrario que es más que presto a sus tersuras de tiempos de des tiempos. Quiéralo o no es de una beldad más pudiente, más ingenua en lo que carece de una realidad más emblemática; que los fragmentos en los que se repartió más prudente ante lo que es más conciso que un sangrante regadío de tormenta.
A las ocho de la tarde, de la una de la madrugada, esa que es protagonista de un regadío de más malsana insalvable; es a la espera de quién pudiera discernir sus propios deseos sobre el ingenio de su conquista para con la vida.
Una a una lo delimitado se fragmentaría como se reviviría ente la silueta que más se intrigase en el repartir de lo más ingenioso de lo prudente como quién es más terso; confiado; solícito desde la ambivalencia de una gloriosa frecuencia con aroma a gutural espinoso. Porque se hubo fragmentado en millar de burbujas de delirios apagados y ya no hubo marcha a atrás; fue céfiro atardecido; concisa penuria; sollozo rebelde.
Y ante mí se hizo un ego de ecos macizos; de deliberadas beligerantes. Y se hizo un eco de egos que perduraron en el reino de la conquista; aventurada de cadenciosa presente. Como quién se hace uno con una replicaría eternidad en un terrario incrustado en la piel de un gigante. Solvencia de mis egos que ante mí es frontera de no ser y ser uno con la vida misma.
