4:30 a.m:
Siempre he dicho que hay determinadas cosas que no deben publicarse en internet. Comentarios, vía facebook, twitter, etc., que deberían haberse omitido. Sin embargo aquí estoy, dispuesta a contarte porqué me hayo a estas horas escribiéndote, cuando hasta hace hora y media dormía tranquilamente.
Las personas tenemos la necesidad de comunicarnos. Requerimos poder expresar lo que sentimos, lo que pensamos y también que nos escuchen, que nos comprendan, que nos ayuden… Pero, ¿qué ocurre si en el momento que más necesitamos desahogarnos no hay nadie a nuestro lado?
Esta noche me ha pasado a mí, he pasado de un estado de relajación al enfado y la ira en menos de un minuto. Ese cambio tan brusco ha conseguido que pierda mi habitual paciencia y me haya levantado de la cama como una furia para increpar a la persona que se ha puesto, frente a la puerta de mi cuarto, a hacer ruido a las tres de la madrugada y me ha despertado. Y ha sido tal la rabia que sentía cuando volvía a mi cama que la única forma de deshacerme de ella ha sido mediante lágrimas. Lágrimas de desesperación por no ser la primera vez que ella me despierta de ese modo y a esas horas. Lágrimas de impotencia por saber que me he descontrolado para nada, que sin duda volverá a ocurrir y que ni siquiera sé si se ha enterado de lo que le he dicho. Lágrimas porque me siento mal por haberme enfurecido de este modo. Lágrimas que se han ido reprimiendo y han aprovechado el momento para salir. Lágrimas y más lágrimas…
En ese momento, incapaz de refrenar mi llanto, ha sido cuando he sentido la necesidad de ponerme delante del ordenador y desahogarme contigo. Sí, contigo que me estarás leyendo en este momento. Contigo, que como buen amigo te solidarizarás y me calmarás con consejos y palabras cariñosas. O contigo, el amigo que se emociona tanto por mi estado que no le salen palabras de consuelo y simplemente me abraza. Porque, al igual que es necesario que alguien escuche lo que tienes que decir, también es necesario que lean lo que escribes. Y aunque no sepa cuándo leerás esto, el simple hecho de que lo puedas leer ya me consuela.
Es por eso que ahora comprendo un poco más aquellos comentarios internautas que antes no entendía. Comentarios hechos sin duda en momentos de soledad, donde la única persona a la que comunicárselo es a ti. La única persona que puede ayudar eres tú.
¡Gracias por “escucharme”!
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