Realmente da pena que la mayoría de las veces, tenga que andar con pies de plomo y medir las palabras que salen de mis labios para que al caballero o señora en cuestión no le moleste; que tenga que ir batallando día a día guerras sin sentido porque al vecino de al lado le ha dado por meterse en mi vida porque en la suya, no tiene nada mejor que hacer. Da pena ver cómo se rompen amistades, que se creían para siempre, por la falsedad y la envidia que les corroe por dentro.
Me come por dentro y a la vez me da pena tener que callarme las cosas que realmente pienso y siento por tal de no tener otra batalla en la que tener que luchar, aunque tenga las mayor de las razones para hacerlo.
Por eso, cuando vivo todo esto y necesito un poco de tranquilidad, solo me basta con cerrar un poco los ojos y dejar la mente en blanco.
Como decía Mafalda, aquel personaje de dibujitos: “Es curioso, como uno cierra los ojos y el mundo desaparece”.
Totalmente de acuerdo, desaparece el mundo en el que vivo y doy paso a un mundo lleno de felicidad, amor, alegría, amistad, donde no existe la envidia, donde no existe la falsedad entre amigos que son como hermanos.
¿Tan difícil sería que nuestro mundo fuera así? Que no daríamos porque ese mundo que acabo de describir, no fuera el mundo en el que vivimos el día de hoy.
Por eso, muchas veces cuando tenemos un problema y queremos desaparecer un poquito, lo mejor es cerrar los ojos y que ese mundo de color rosa llegue a nuestra mente por un momento.
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