Un día vas y empiezas a analizar cosas que nunca te habías parado a pensar, pero que sé que sabes.
Nos movemos por una inercia prácticamente “zombi”, sin dedicarle demasiado tiempo a pensar que en el momento que se cae una pieza del entramado diario, todo se tambalea cual estructura colapsada. No nos paramos a planificar que el día-vida, tiene más argumentos que los propios de conseguir llevar o mejor dicho, llenar el plato de comida, necesario por otra parte, aunque no suficiente, -imagino que tendré detractores con este discurso, y expreso todo mis respetos- pero, ¿donde se quedan los sentimientos y las vivencias de las personas que nos rodean?. ¿Es que este alimento no termina de satisfacernos y por eso buscamos otros más flatulentos?
Con el paso de los años y las vivencias personales, vamos aprendiendo que en cualquier instante de un individuo como tú y yo, todo se parará en seco debido a que una pieza de nuestro entramado se desajusta, y digo bien, solo se desajusta, no es necesario que se caiga o rompa, y sabemos que cuando esto ocurre, nos tenemos que parar en seco para poder atender otros menesteres de los que no nos preocupamos en el día-vida.
Quizás lo peor de todo esto es que ya arrancamos de la premisa de que haremos un trabajo personal para humanizarnos con nuestro entorno, pero que sobre la marcha sabemos que volveremos a caer en la inercia de vida.
Pasa…, y siendo todo importante, ¿seremos capaces de tener nuestro libro de ruta actualizado también con el corazón?
Quiero trasladaros que a mí me pasa y me cuesta no entrar en ese bucle… ¿Lo conseguiré?…la experiencia de mi día-vida me dice que seguiré cayendo hasta que sea yo la pieza que se desajuste…
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