Ha llegado el momento de la despedida. No hay remedio alguno…
La medicina no llega a tiempo, no hay transplante posible y agonizas…
Mis manos se sienten atadas por no poder resolver el problema; el problema de la vida; de tu vida…
Mucho ha sido lo que me has dado, todo diría yo y mis ojos te ven en las últimas. Mi corazón habla con mi cerebro y le dice que todo es doloroso. Mi cerebro le contesta que la vida tiene ciertas leyes y te ha llegado la hora.
La hora que nadie quiere que llegue se nos ha echado encima casi sin darnos cuenta ni a ti, ni a mi. Solo me dio tiempo de una leve caricia de despedida; leve y fría.
Todos me dicen que hay solución a tu problema, bueno, había, porque ya no hay marcha atrás.
Quizás todo ocurrió por los excesos que nunca son buenos consejeros, quizás fueron las circunstancias las que hicieron que ocurriera; lo cierto es que ahora no estás y ya te echo de menos.
No voy a llorar, seré fuerte y me repondré del mal trago que estoy pasando. No será fácil, pero me veo capacitado; no me queda otra…
Y sí, señores, no me queda otra, la batería de mi móvil ha muerto y hasta que no llegue a mi casa poco puedo hacer.
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