Nuestros relatos
-
Faltas
—S., si te gusta escribir, escribe. —¿Pero si no es correcto?. —No te preocupes, es normal cometer errores. Tómate tu tiempo para revisar los textos y encontrarás la forma adecuada de compartir tus palabras perfectamente. —En el pasado he escrito cosas que querría volver a retomar. Veamos algo de ello juntos, por favor. —Vale, ¿a ver?. Mira, no escribas con…
-
Carta a mi miedo de no ser suficiente
Hola, miedo. Sé que estás ahí.A veces susurras, otras veces gritas.Te escondes en el perfeccionismo, en la necesidad de controlar, en el “no estoy lista todavía”.Te camuflas de productividad, de exigencia, de comparación. Te he escuchado tantas veces que, por momentos, creí que eras yo. Me dijiste que debía hacer más para valer más.Que si…
-
Carta para Serena
Desde el corazón hacia el alma que florece. Querida Serena,Hoy quiero escribirte con la voz suave que mereces. No para exigirte más. No para empujarte ni corregirte. Solo para agradecerte. Gracias, mujer valiente, por no rendirte cuando tu alma se sentía desgastada. Gracias por seguir respirando profundo cuando el pecho parecía una prisión. Gracias por…
-
Verso libre
—S., si te gusta escribir, escribe.—¿Pero te lo hago en verso o prosa?.—Tú escribe lo que te inspireque no te suponga una losa.Tú sabes, que sea vistosa…—¿Para ser vista sin ser arte?—No es argumento que me valga.—Será lo más que podré darte.—Descorcha tu boli y cabalga.Buen vino, a escribir y comparte.—Qué bien estimulas, ¡canalla!.—No incitaría…
-
En la necrópolis hispalense
Tomó su túnica, cubrió su cabeza y caminó entre cedros y cipreses, en su siempre jardín entorno. En tal ambiente de solemnidad el tiempo se detenía, la calma paseaba entre calles e isletas, panteones y columbarios, donde la alta sociedad hispalense se entremezclaba con personas de a pie, acabando en el mismo lugar a la…
-
El piano
La sonoridad del piano, armoniza el clima entre las infinitas paredes blancas.Un sonido continuo se expande más allá de los viejos muros de la casona. Hay varias personas, algunas de ellas no videntes, que aseguran escuchar la melodía, mientras remojan sus pies en las aguas del océano Atlántico. Uno de ellos, el señor Stephenson, recordó…





