escritura

  • Flagrante

    Flagrante

    ILa mentira quedó flagrante, ardiendo en el aire como una chispa descubierta. Nadie lo dijo, pero todos lo supieron: la verdad ya no podía esconderse. IIUn amor flagrante iluminó la penumbra. No necesitaba promesas ni juramentos, solo la certeza ardiente de que el instante era eterno. III Fuego que nace en el instante.Luz que hiere…

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  • Microrrelatos del arcoiris rosa

    Microrrelatos del arcoiris rosa

    Verdaderamente no era un color puro, pero no por eso tenía que quedar fuera. Fue entonces cuando se rebeló. Una suave llovizna y unos rayos de sol fueron sus aliados. Su intensidad atenuó al resto de colores. Un arco iris rosa lució pues, de una forma desmedida… Patricia Delgado En silencio, imperceptible como ella.Traza en…

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  • Alma boxeadora

    Alma boxeadora

    Sonaron los tres pitidos, agudos, breves, inconscientes. Mi cuerpo se movió solo, por inercia, sin necesidad de explicarle lo que hacer. Mis brazos volaban, golpeando el cuero del saco. Los guantes pesaban con dieciséis onzas, los más gordos, más pesados, más protectores.  Sin embargo no hay onzas que cubran el corazón, tu recuerdo aparecía entre…

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  • Anda, llévame a Triana…

    Anda, llévame a Triana…

    Anda, llévame a Triana. Hace tiempo que no la paseo. Anda, consiénteme. Es cuando la calma roza el más alto de sus niveles, cuando respiro profundo y asiento, cuando de tu mano, no me suelto y aun así me pierdo. Anda, llévame a Pureza. Que el corazón se acelere cuando caminando vaya en su busca,…

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  • Microrrelatos de las nubes

    Microrrelatos de las nubes

    Las nubes amenazaban tormenta. Decidí quedarme en casa en lugar de ir a bañarme. Me dediqué a hornear magdalenas y trabajar. Por la tarde asomada a la ventana, veía a los bañistas regresar exhaustos y divertidos a sus casas. Ni una gota de lluvia. Y yo demasiado precavida. Calila La levedad del ser. Un bramido…

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  • Amante nocturno

    Amante nocturno

    El silencio denso y aplastante me rodeaba. No se escuchaba nada, estaba demasiado lejos de las carreteras para escuchar sus apestosos motores. El fresco aire había acallado el lamento de las chicharras. Los pájaros dormían a cubierto y el perezoso búho de ayer, había desaparecido. Mi espalda, recostada sobre densos cojines y el duro tronco…

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