
—S., si te gusta escribir, escribe.
—¿Pero, podré borrarlo si no me gusta?.
—Son dos cosas distintas por las que me preguntas, me parece.
—Ya, quiero esconder lo que no me guste.
—Tendrás que acostumbrarte.
—El tiempo borra cosas, pero muchas permanecen.
—A veces en ti mismo y otras en quien te leyó. No serán tantos seguramente.
—Bueno, no es que quiera tener muchos lectores, con dos me bastarían.
—Y más que te lean, te gustaría compartir lo que escribes.
—Sí, harían las palabras más intensas.
—Sin duda, pero no siempre es posible.
—Si escribiera un libro, seguro que habrá capítulos que encuentre más apetecibles reescribir por encima de otros que ya haya pasado.
—O incluso de otros que ni has comenzado y que te estarán llegando.
—Parece que aceptamos sin más lo que nos viene.
—Como si no pudiéramos modificar nada.
—Ser parte activa de un conflicto, el paso del tiempo… ¿irremediable?
—No es del todo o siempre irremediable, pero no puedes evitar que no te guste, ¿a eso te referías antes?
—Quizás sí, no sé si me vengo a explicar bien.
—No veo factible que te agrade algo que no es del todo como te gustaría.
—Si hay dos palabras que en una frase no casan, ¿me debería esforzar en encontrar otra en que sí lo hagan? No me parece que encuentre con ello la manera acertada.
—Como si cada palabra tuviera su significado, pero juntas no llegaran a encontrar una sintaxis.
—Sí, justo eso.
—Son palabras mayores.
Estocolmo, 7 de julio de 2017.






