
Jugaba con los ojos cerrados,
Jugaba bajo el agua.
Aún ahora, que ya no está, la bola salta sobre el agua de la piscina, como si aún jugara.
En un adiós que nunca se dió, solo las burbujas anunciaron su partida.
Manuela Sánchez
I
Le miraba nadar como si el agua lo hubiese inventado para él. Pero no era suyo. Era del waterpolo, de la lucha bajo el agua, del silbato que cortaba el aire. Yo también aprendí a flotar… no para seguirle, sino para jugar mi propio partido.
II
Me decían que el waterpolo era cosa de chicos. Pero el agua no entiende de género. Golpeé la red con fuerza y el silencio fue mío. Luego vino ella, con ojos de mar, y supimos que el amor también puede ganarse a brazadas.
Anita
En mi niñez jugábamos en la alberca del vecino con una pelota vieja que habíamos conseguido en una cabalgata de Reyes.
El hermano de mi amiga, ponía una cuerda de lado a lado y hacíamos dos equipos.
Entre risas, saltos y gritos disfrutábamos de tardes de ocio y agua.
Años después me enteré que eso era un deporte y de que yo jugaba al waterpolo.
La Renacida
I
El waterpolo no permite distracciones: el balón flota, pero las decisiones pesan. En cada pase, una guerra muda y subacuática; en cada gol, la furia contenida de minutos sin aire. No es un deporte para cobardes, es ajedrez violento sumergido en cloro.
II
Ella se ajustó el gorro, miró la portería y no pensó en el rival, sino en su padre, que decía que ese deporte no era para chicas. Después del cuarto gol, el silencio de la grada fue el mejor comentario.
III
No hay épica sin agua salada. En Singapur, los nuestros nadaron contra gigantes, pero la selección española convirtió cada jugada en leyenda. En waterpolo, cada gol duele. Este oro, más que brillar, escuece… porque costó sangre. Budapest llora inundando piscinas por la derrota.
Nemesio Laverde
Me gusta volver a ver viejas fotos de la familia. Sobre todo las que está la abuela Virgina con su traje de baño jugando al waterpolo. Se la ve sonriente y atlética. Siempre la vimos como la cocinera, pero era mucho más. Las personas más corrientes son las más sorprendentes.
Calila
I
No se me ocurriría escribir lo que fuera de waterpolo sin nombrar a Manel Estiarte y al gran Jesús Rollán.
II
De waterpolista a… Hermano Mayor. Del agua a mojarse. De pasar la pelota a hacer ver que la misma está en tu tejado.
III
Os aseguro que estoy escribiendo estos Microrrelatos sin gorrito.
Juanma García
I
Placentero. Sensación de volver a la infancia y más allá de ella: libertad de movimientos, propulsión con extremidades para orientarse y cambiar de dirección, adaptabilidad, crecimiento en velocidad, fuerza, resistencia, desarrollo mental y físico para la vida fuera, trabajo en equipo, ¡y qué equipo!. ¿Waterpolo o Placenta? Placentero, sin duda
II
Nadaríamos más y mejor con una pelota, más y mejor jugando con otros. Qué soledad en la calle, siguiendo al de enfrente y perseguido por el de atrás. Qué pena ir y volver, sin más.
Apretado
De pequeño todos queríamos jugar a waterpolo. Normal, si es que esa selección enganchaba a todo el mundo. Luego, con el tiempo, nos dimos cuenta que aquel éxito acabó en tragedia en demasiadas ocasiones…
Ángel Salgado I
Horas de campeonatos sentado frente al televisor sabiendo que nunca fallarán. Aunque luego, nosotros que vibramos con ellos, les acabemos dejando en el olvido temporal.
Ángel Salgado II
Mírame como se mira a una pelota de waterpolo rebotando en el agua y entrando en la escuadra.
Ángel Salgado III
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