¿Cuál será el motivo que me lleva a contaros algo sobre la puntualidad? A buen seguro que se debe a que odio llegar tarde a los sitios y justo en este momento, en el que os estoy escfibiendo esto, me he echado a la poca vergüenza y he llagado unos minutos tarde a mi cita ineludible que mis quehaceres laborales.
Pues sí señores, soy un maniático de la puntualidad, no puedo remediarlo. Quizás herencia de mi padre que es el extremo más absoluto que conozco. El Niño del Zurraque, si ha quedado con alguien a las 12 en punto, por de ir una hora, él trata de llegar a menos cuarto y esperar allí sin problemas. Antes lo achacábamos a que así se echaba su cigarrito tranquilo antes de la cita. ¿Y ahora que no fuma? Lo mismo. Es exagerado a más no poder…
Yo, sin llegar a esos extremos, soy de los que mis cinco minutos de adelanto no me los quita nadie. Me parece una falta de respeto hacer esperar. Y aquí es donde viene el problema; cómo me parece una falta de respeto, me encabrito muchísimo cuando alguien me hace esperar, hasta tal extremo que si los minutos de cortesía se alargan, este que está aquí «coge carretera y manta» y «se va co la música a otra parte».
No entiendo como hay personas que llegan tarde a todos sitios por sistema. ¿Tan difícil es empezar antes y así no llegas tarde? Parece que para algunas personas es imposible ese concepto.
Bueno, después de este desahogo, espero que el Filósofo de Nervión pille lo de las expresiones entre comillas para su Moradeo y os dejo ya, que hace diez minutos que había quedado. Bueno que espere…
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