Ella, tan dulce como un bombón de chocolate, tan cálida como un atardecer de verano y tan profunda en su mirar como un mar sin limites. Ella, sin duda una princesa que ha quedado atrapada en un mundo desconocido, donde a veces las caras no son lo que parecen, donde los nombres cambian y donde las historias pueden inventarse a la carta.
Un mundo que te hace olvidar hasta los recuerdos más profundos y más íntimos que tenías guardados. Toda una vida recorriendo un camino y de repente…puf se fue. Como si no hubiese pasado nada, se ha borrado. Todo se para.

¿Por qué? ¿Quien eres tú? ¿Qué derecho tienes sobre la princesa? Déjala soñar, sí. Pero no le hagas daño. Deja que piense como quiera, que cambie nombres, que sueñe una vida y que extrañe a personas, porque quizá cuando la memoria le funcionaba mejor también las extrañaba y aunque estaban cerca eran desconocidas.
Pero yo aún no estoy en ese mundo desconocido y puedo hacer memoria y cuando me siento a su lado y le cojo la mano me da un vuelco el corazón y nos asomamos juntas al balcón de los recuerdos, de las caras, de las historias que han recorrido su vida, la mía, la nuestra. Y ella sonríe y me dice ¡ay mi niña es verdad ¡ y sin duda es el mejor momento de mi día porque es la sensación de estar conectada con una persona que en algún momento emprenderá su largo viaje , me suena a despedida, pero también a encuentro.
Ahora escúchame bien, tú que sin ningún tipo de dolor decides que la princesa vaya perdiendo fuerzas y haces que en algunos momentos me mire y no sepa quien tiene delante, escúchame bien. Podrás restarle fuerzas en este nuevo camino desconocido, podrás confundirla y hacerla soñar en un mundo que nosotros no alcanzamos a ver y del que no podemos despertarla…pero no podrás quitarme algo muy valioso: nuestro pequeño balcón de los recuerdos donde luchamos juntas y donde no dejaremos de sonreír.
Te quiero princesa.
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