
La noche en que él preparó la cena para el Capitán, ella elogió el postre con una sonrisa que no llevaba su nombre ni rostro. Tenía los labios dulces, sí, pero los ojos tristes, frustrados. El cansancio de quien ha visto demasiado en 28 razones por años de vida. Y cuando el brindis terminó, se levantó de la mesa con el cuerpo erguido y el corazón a la deriva. Fue hasta la proa, donde el viento hablaba en voz baja y las constelaciones escribían cosas que solo ella sabía leer. Abrió su cuaderno. Dibujó a Orión con trazo firme en carboncillo, como si en la admiración eterna del firmamento, pudiera entender su propia fuga.
Él la vio irse. No dijo nada. Estaba cansado, pero había algo más. Algo que no sabía nombrar, y; sin embargo, lo mantuvo de pie, en silencio, mirándola desde la sombra con un cigarrillo entre sus dedos.
Ella lo sintió. Lo abordó, fue haciéndolo con paso sencillo porque en el mar todo es más lento, más denso, más grave. Cuando estuvo frente a él, descubrió su estatura, la anchura de sus hombros, y algo en el color de sus ojos que no era obediencia, ni desafío, sino ternura. Una complicidad explícita, una pasión improbable en un cocinero de barco, la oscuridad del mar el calma reflejada en sus pupilas.
Lo interrogó y luego lo felicitó, estaba satisfecha de haber coincidido con el hombre que sacudió su resignado paladar. Sin embargo, mantuvo la compostura. No era una mujer cualquiera. Tenía rango, tenía estrella. Pero esa noche, él no la miró como subordinada, ni como dama del puente, sino como alguien que también podía naufragar.
Durante muchas noches se vieron allí, en ese punto exacto de la proa donde nadie más pisaba. Él hablaba poco. Ella hablaba en constelaciones. Y una noche, sin pensarlo, él le besó la frente. Un gesto tímido, apenas un roce, pero ella sintió que el mar, por fin, le susurraba algo que entendía.
La noche siguiente lo buscó y él no estaba.
Había bajado en un puerto sin avisar. Ella sintió la traición en la boca de su estómago y el desespero en la parte baja de su vientre, su tristeza le nublaba el juicio, como el cielo durante los siguientes meses. Ella no volvió a mirar las estrellas. Las dibujaba, pero le faltaba el fuego de los postres, la sombra en silencio, el beso tibio que promete tanto.
Cuando él volvió, no hubo preguntas, ni reproches. Solo se acercó a él, lo miró de frente y lo besó en los labios.
Sin explicación, sin miedo, sin permiso. Como quien encuentra su norte en plena tormenta.
Al menos es lo que ella hubiese querido, lo que imaginó por tantos años, en cada trazo, en cada constelación. Y cuando al fin supo la verdad, algo en su pecho naufragó: El capitán lo mandó a echar del barco. Sin carta, sin explicación. Porque donde manda Capitán… no manda marinero.
Pao De Liore
Francisco Javier says
29 julio, 2025 at 15:27Hermosa historia que a mi parecer muchos marinos mercante se van a sentir identificado
Yisel viloria says
29 julio, 2025 at 16:57Hermoso relato la verdad ,tengo ganas de leer mucho más como esto
Pablo j Barrios Brillembourg says
29 julio, 2025 at 17:30Una historia muy bonita, te felicito y espero que sigas deleitándonos con más obras cómo está.
Roxandry Duran says
29 julio, 2025 at 17:34Cada letra, cada palabra, Cautivan de inicio al fin.
Anabel Hernández says
29 julio, 2025 at 20:32Me encanta como en cada palabras que lees , solo quieres seguir y esa sensación que deja cuando va llegando a su fin …solo querer que sigan más líneas 🤍
Ana María Fresneda says
29 julio, 2025 at 23:03Bonita historia digna de contar. Esperando el próximo relato Paola
Luis Miguel says
30 julio, 2025 at 00:47Un relato que inspira y expresa tantos sentimientos únicos plasmados de la mejor manera, cada párrafo te da esa curiosidad de seguir leyendo, Su Mensaje nos dice que no sabemos que tanto tiempo tenemos para disfrutar de la vida y de esos momentos únicos que nos da, más sin embargo aprovechar cada minuto de felicidad, Porque la vida nos da sorpresas; sorpresas nos da la vida 🙃😊
Marianela says
31 julio, 2025 at 10:10Que linda historia. te amo
Maigret Rosario says
3 agosto, 2025 at 22:25Muy bonito relato, Muchas felicidades 🥳 Lista para leer el siguiente ……
Luigi says
6 octubre, 2025 at 04:36¿Entró en dudas el Capitán sobre qué hacer cuando se enteró? No lo creo. Lo siento como un hombre experimentado, no como un Ogro… un hombre inteligente, sabio líder, enamorado de su mujer.
Nos identificamos todos con los dos protagonistas. Pero mi personaje favorito es el Capitán.