cuento

  • Alma y el árbol de los recuerdos

    Alma y el árbol de los recuerdos

    Había una vez una niña llamada Alma, que no era como las demás. Mientras otros llevaban trenzas o gorros de lana, ella llevaba sobre sus hombros las ramas de un almendro en flor. No era un disfraz ni un adorno: aquel árbol vivía unido a ella, como si fuesen uno solo. Cada primavera, los pétalos…

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  • Bruno y los animales que trepan al cielo

    Bruno y los animales que trepan al cielo

    Había una vez un niño llamado Bruno, que tenía un secreto que nadie más conocía: cuando reía muy fuerte, los animales a su alrededor empezaban a hacer cosas insólitas. No era magia de brujas ni de varitas, era la risa pura de Bruno la que agitaba el mundo como un viento juguetón. Aquel día, Bruno…

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  • Sevilla para los infantes

    Sevilla para los infantes

    Érase una vez un superlativo y muy fértil valle en tierras andaluzas, bañado por el inconmensurable caudal del río Guadalquivir, que recorría sus caminos como una serpiente gigante gigante de piel brillante y plateada. Yo, Fernando,Rey y Santo, fui testigo de su esplendor mucho antes de que mis tropas  pisaran aquellas benditas tierras. Me guiaba…

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  • La Reconquista (para infantes)

    La Reconquista (para infantes)

    Mis muy anhelados infantes: Érase una vez, en el superlativo reino de Castilla, un Rey, a posteriori Santo, cuyo óptimo anhelo era la paz y la unión de sus tierras bajo el amparo de la fe. Ese Rey era yo, Fernando. Se versaba que, en el sur, yacía una ciudad de inconmensurable hermosura, que no…

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  • Anda, dime…

    Anda, dime…

    Anda, llévame a nuestra placita, le dijo ella caprichosa, cual antojo. Sólo tenía que decírselo una vez, para que él gustoso, cumpliera sus deseos. Una edad avanzada les delataba. Paseaban despacito, de la mano, sin prisas. Caminito de entrada a la ciudad, a la sombra de un convento, una recoleta plaza de nombre Santa Isabel,…

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  • ÁzdeliLidot – capítulo 2

    ÁzdeliLidot – capítulo 2

    La señora Tabatha parecía inquieta cuando extendió las alas para dirigirse hacia el señor Fixex. —¿Me permite? —le miró el hombro y el duende le brindó la oportunidad de posarse de inmediato—. ¡Estoy muy angustiada, maestre! Tenga en cuenta que ambas están entre mis mejores swords —y en última instancia, trató de explicar con dudas…

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