
—S., si te gusta escribir, escribe.
—¿Pero con qué?.
—Con lo que tú quieras, aunque lo más común es usar bolígrafo o teclado. Un boli es lo suyo.
—¿En qué se diferencian?
—Con el primero vas más lento, pero viene de antiguo y en el día a día se usa con frecuencia. Lo del teclado, ya te lo explicaré otro día.
—Quiero uno de esos.
—¿De qué color?
—¿Los hay de varios colores?
—Sí, el azul y el negro se usan más. También el rojo, pero dicen que cansa la vista y no se reproduce igual.
—Pues uno rojo molaría tela.
— ¡Ya te digo! Es mi preferido. Se sale del tiesto hoy en día. Parece una mosca cojonera tras el examen, con la nota en un círculo advirtiendo los errores de este mundo. Se piensa uno que va a tener un 8 ó un 10, y ¡zasca!, se encuentra con un suspenso en colorao.
—Creo que con el rojo me voy a sentir mejor y, al fin y al cabo, todos pueden leerlo.
—Sí, pero ya te advierto que cuando vean tu texto en rojo algunos ni querrán leerte, o lo harán sin echarte mucha cuenta. Alguno habrá que te diga que estás amamonao y todo por escribir en rojo, que no tiene
sentido que lo hagas.
—¡Qué injusto! Pues si les estaría ayudando a que vean en qué fallan, o en qué fallamos todos, no lo entiendo.
—Yo tampoco. La tinta roja es lo que tiene.
—¿Y si la mezclo con la azul?
—No lo he visto nunca. A lo sumo «vestido» con tapones azules, pero con su carga roja interior sin que dé el cante. Y la gente enseguida se cree o lo tacha de boli azul. Pero claro, basta que se escriba y al carajo. Serán rojas sus palabras y su letras, claro, no es evitable.
—¡Vaya lío!
—En fin, que nada, que con el color o los colores que tú quieras. Tú escribe lo que sientas y pienses. Que no te condicionen para nada.
—Y no lo harán. Y como me toquen los cojones, me compro un boli verde esperanza.
—O píllate uno negro. Hasta los que prefieren el azul los usan más, por encima del rojo incluso. Para unas cosas sí y para otras no. Solo por interés, la verdad. A la más mínima vuelven a su tono. Según les convenga
a veces, el negro les parece aceptable.
—Les estoy cogiendo manía y todo. En fin, que un boli rojo quiero.
—Pues venga, vamos al centro a por uno. ¡De tinta roja!
Karlsruhe, 27 de agosto de 2025.
