Mi nombre no importa aunque muy temprano, muy temprano, veo la luz. Mi futura melena rubia siempre perfectamente peinada me permite presumir en el parque ante todo aquel que pasa. Mis ojos azules tampoco pasan desapercibidos…
Disfruto de la vida cada instante y dejo que se me note. Las dos mujeres de mi vida me tienen al tanto de todo, de lo que puedo comer, de lo que no, lo que debo llevar puesto y lo que no. Hay una señora rubia y con los ojos claros como yo, que está todo el día pendiente de mí. Me lava, me cuida, me harta a besos y abrazos, me cuida más de lo que ella misma lo hace y todo le parece poco cuando está conmigo. Si me duele algo, me lo callo y lloro y élla se echa a morir. Yo no lo entiendo muy bien pero cuando digo mínimamente algo a ella se le enciende la cara y acude dándome mil besos distintos.
La otra señora, está un poco mas arrugada, aunque me canta y baila conmigo a cada rato. Muchas tardes yo parezco «más mayor» que élla, sobre todo cuando nos ponemos a jugar…
Mi vida es idílica y se me nota en la cara, y en mis pequeños detalles. Tengo un algo que se puede llamar enfermedad, no lo sé muy bien porque soy muy pequeña, pero la señora rubia lo llama mamitis o algo así. Ella piensa que no puedo vivir sin ella y que los demás son tontos. Lo que me pasa es que es mi forma de demostrarle lo muchísimo que la quiero y cuánto la necesito.
Aunque aún no lo puedo decir, me encanta recordar cuando me daba mis primeros bibis, y cuando me esta lavando y me enseña esos ositos que tanto me gustan.
Ahora que mi dentadura empieza a ser tal, me siento más mujer, más independiente. En verano, hace nada, me tenían que ayudar para que pudiera gatear y no había forma. La dichosa pierna no terminaba a ayudar a que descubriera nuevos mundos en mis eternos viajes por esa toalla de colores.
Ahora con la ayuda de esos gigantes que tengo cerca y que tantos arrumacos me dan, ya consigo ver nuevos mundos. Ya soy toda una mujer; le digo adiós a los guaguas, a los autobuses y digo que Noooo a todo con la cabeza.
Como comprenderéis, esto no lo he podido escribir yo. Ha sido ese tío de barbas que babea con cada cosa que hago y que se pone a hacer el tonto con todo. Yo me río y él se marcha feliz…
Algun día, yo en persona, con esos dedos que ahora son deditos de uñas afiladisimas, podré decirle a mi mami a mi abu lo mucho que las quiero. Hasta ese día, dejo que el barba lo haga…
Deja una respuesta