
El titulo del post es la frase que da pie a este escrito.
Imaginad la situación, doce y media de la tarde, chat del Facebook, se conecta el Filosofo: Illo!!! Mi jefe que se ha ido y me ha dejado encerrado en el laboratorio…Me siento prisionero!!
Imaginad mi carcajada al leer esto, y más cuando tras un instante me dice me ha dejado encerrado con la maleta y unas cosas aquí…esto da para un post en?
Pues aquí lo tienes…
Muchos trabajadores, los que se pueden sentir dichosos de poseer uno, se sienten mal, o históricamente nos hemos sentido esclavos de nuestros trabajos y nuestros jefes ya que la tónica general es exprimirnos al 200% para sacarnos el máximo rendimiento posible. Ahora llegan a extremos de colocarnos cámaras para ver si nos rascamos el escroto más de lo recogido en el convenio; cuando el convenio es convenientemente tenido en cuenta…
Pues esta historia es bien distinta, no solo no esta prisionero de la Merkel, en el país de la cerveza, -aunque aquí se consuma Cruzcampo a saco- y de las buenas salchichas frankfurt – el macho iberico se extingue- sino que el colega de equipo y jefe lo secuestra en un laboratorio con la intención de que dé más de sí, nada de dejo esto abierto y se le olvida y cierra…
Una historia que solo le puede ocurrir al Filosofo y como él no lo iba a escribir porque anda en otras historias, aquí está el Guerrero para hacer de cronista de las andanzas del Angelito de Nervión.
Cómo diría el mismo: cosas.
el filosofo says
14 junio, 2012 at 00:06Grande mi Guerrero…ese que siempre me escucha/lee!! La historia es tan real que no merece que diga nada más…solo que me he reído mucho más leyéndola que cuando ocurrió de verdad!!! jajjajajjaja cosas!!
Laura says
14 junio, 2012 at 00:21Tampoco es pá tanto 😛