Un día, Comodoro me contaba que un buen amigo suyo, que peinaba canas, le contó una historia sobre una puerta de madera, unas puntillas clavadas en su madera y las lascas que iban sacando de dicho material.
Ni la madera era madera, ni la puerta una puerta…
Pues hoy os traigo una reflexión sobre la vida, los días que pasan marcando a fuego su normal discurrir y las secuelas que van dejando.
Desde que uno nace, los días van parando y pasando, pasando y parando el segundero del reloj que nos lleva hasta el hoyo más profundo del que nunca despertaremos.