
(…) Era sábado, había salido de trabajar a las 15 de la tarde y se quedó con unas compañeras a tomarse una cerveza, bueno vamos a dejarlas en unas cuantas, porque hasta nuestro querido Paco, dueño del bar terminó sentado con nosotros…. A las 15 salía… a las 19 llegó a casa. No se encontraba mareada, no sabía el motivo pero su capacidad de metabolizar el alcohol era increíble… Se duchó y volvió a quedar con esas amigas para cenar en el centro, noche de chicas, de amigas, de críticas, de risas, de secretos a voces y de complicidad. Noche de fotos y de hablar, olvidar y planear. Lo necesitaba hacía tiempo y aunque le daba pereza planificar las cosas con tanta antelación, en esta ocasión decidió hacerlo para evadirse un poco y centrarse en pasarlo bien.

Estuvieron de vinos, luego cenita en un bar del barrio, nada sofisticado, preferían la sencillez al pijoterío, aunque por la imagen que ella pudiera dar siempre la encasillaron en el mismo sitio y en el mismo color… qué lejos de la realidad… Pero le daba igual, no se escondió nunca en decir lo que pensaba, todo lo demás eran adornos simplones y cartelitos que la gente que poco la conocía se empeñaban en ponerle.
Terminaron de cenar y entre risas decidiò echarle cara, animada por sus amigas, para ir a tomar un vino al lugar donde aquel príncipe salido de la nada hacía ya quince días la salvó. Le echó cara, nunca había sido así, pero no era momento de remilgos, quién sabía, quizás él ni se acordara de ella, ni de su nombre, ni de su cara, pero se convenció a sí misma pensado que solo iba a tomar una copa con sus amigas, no había más….
Cuando abrió la puerta y lo vio allí, casi se cae de espaldas… Nunca le había dado un infarto ni una taquicardia, pero seguro que aquello que estaba sintiendo se asemejaba bastante. Se miraron y se sonrieron, y sí, se acordaba de ella.
Se sentaron en unos taburetes en la barra y pidieron la cerveza, tenía la boca tan seca que le dio miedo no ser capaz de articular palabra fruto de la deshidratación bucal que estaba sufriendo. Bueno al menos balbuceó alguna palabra con sentido antes de sentir que tenía que ir baño, y que no podría aguantar mucho más, pero la sola idea de tener que atravesar el bar hasta llegar al aseo de señoras…. Por qué?? Ya sabía el motivo de matabolizar tan bien el alcohol, lo expulsaba cada cinco putos minutos!!!!!!!
Ya no sabía para dónde tirarse del vestido, no había sitio para esconderse hasta llegar a destino, así que no le quedó más remedio que iniciar el paseíllo con toda la dignidad que le dejó la vergüenza (….)
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