
Golpearon a la puerta, sus ojos observaron, su mente creó la sombra errónea. Aguardo unos segundos, el silencio, la redondez de la luna reflejando la mitad de la noche. El eco de sus pasos regresando por el pasillo. Sus párpados cayeron ocultando lo inocultable.
La noche siguiente. Fugaz la luna en una nueva semana.
La misma puerta y su mente creando sombras que ilusionan su corazón. La necesidad de un regreso.
La cadencia de sus pasos por el infinito y frío pasillo. Cerrando sus ojos con el paisaje del universo guardado en la memoria de sus pupilas.

Silvia says
29 julio, 2025 at 12:50Felicitaciones por dar forma a algo tan delicado, este cuento no solo se lee, también se siente.
Seguí escribiendo porque claramente tenes una voz literaria que merece ser escuchada.