
I
Multitud enfurecida… ¿contra quién cargáis? ¿Por qué os enfrentáis contra la policía? Ellos sufren el mismo mal que vosotros, solo están ahí porque cumplen con su deber y su trabajo. Es su responsabilidad y su honor… no os alteréis contra ellos, ellos no quieren ir contra vosotros.
II
Puños alzados al cielo, a miles se cuentan. Gritos, cargados con injusticia e indignación, resuenan contra las altas torres de acero y hormigón. ¿Nos oirán esos fantasmas altivos? ¿Sienten algo al ver todo el pueblo enfurecido? ¿Tendrán algún remordimiento o solo son criminales insensibles?
Espectro Errante
La calma paseaba sosegada cuando de repente, se vio sorprendida por un tumulto de gente, asaltándola. El disturbio, en plena vía pública, se apoderó de ella, eclipsándola por momentos. Quiso ser prudente y resguardarse sin más, ensombrecida…
Patricia Delgado
Habíamos bebido, el peor Julián que había mezclado vodka con ginebra. Le encendió el alma y se puso a cantar en la plaza, porque le salía de dentro. Los demás dábamos palmas. En el parte de comisaría venía detención por disturbios. Si solo hacíamos flamenco del güeno, güeno.
Calila
I
El disturbio rugía en la plaza: cristales, gritos, sirenas. Pero entre la multitud, su mano buscó la mía. Nos abrazamos como si aquel caos fuese excusa, como si la violencia alrededor nos diera el permiso de querernos con urgencia. El ruido era pólvora; lo nuestro, refugio.
II
El disturbio no estaba en las calles, sino en mi pecho: voces que chocaban como piedras, humo que cegaba las certezas. Y en medio de esa turba interna, apareciste tú, como un grito de agua. No apagaste el fuego: lo convertiste en hoguera donde calentarnos.
III
Donde callaron nuestras voces, hoy gritan.
Insumisas, quebramos el miedo heredado.
Somos raíz y tormenta, memoria que no cede.
Tiemblan los muros cuando avanzamos juntas.
Unidas en furia, en ternura, en justicia.
Rompemos la historia escrita sin nosotras.
Brotamos como relámpago en la noche.
Inquebrantables, sembramos futuro.
Otra vez, el disturbio es la vida que renace.
Anita
I
No estalló en las calles, sino en las nóminas vacías. Mientras la gente discutía por banderas, los poderosos firmaban balances. El verdadero caos nunca lleva humo ni sirenas: se esconde en los recibos impagados.
II
Llaman disturbio a los gritos de hambre, pero celebran como progreso las cifras en la bolsa. La humanidad ha invertido los términos: el ruido de las pancartas asusta más que el silencio de los que mueren solos.
III
Un disturbio dura horas; la desigualdad, siglos. Las cámaras se encienden para captar la piedra lanzada, nunca la mano que rebusca pan en la basura. Nos enseñan la violencia visible, pero nos ocultan la cotidiana.
Nemesio Laverde
I
Mientras pensábamos que nos escondíamos, el amor se reafirmaba con cada martillazo que tiraba muros de incomprensión. Lo nuestro fue un disturbio que nadie comprendió.
II
Tan necesarios y vitales como inservibles. Por desgracia las calles están llenas de hipocresía y los despachos de sobres llenos de sobres con recompensas.
III
De la contrariedad turbia surgen realidades cristalinas. ¡A por ellos! ¡A la lucha, compañero!
Juanma García
I
Primero, un grito, luego, una carrera.
Silencio calmo roto.
Multitud dispersa con reguero de caos fugaz de luces y sombras.
II
Ella tan revolucionaria, él tan normativo.
Disturbio en sus mentes, choque de mundos.
El aire vibró.
III
El pueblo está en la calle, su voz grita alto.
Ya no se calla ante nadie, su aguante está agotado.
Pancartas y humo acompañan al gentío, en disturbios acabará todo este sinsentido.
El pueblo salva al pueblo, juntos será conseguido.
Rocío C Gómez
Sonaba un fuerte alboroto en la plaza del pueblo, gritos y muchos aspavientos.
«¿Qué ha pasado?, pregunté
«Todo ha sido por una simple mirada «, respondieron.
Me asomé y al verte allí parada, entendí que todo aquel tumulto no había sido en vano.
Ángel Salgado I
Faltan calles cortadas y gomas quemadas. Faltan disturbios y sirenas de fondo.
Falta toda está violencia porque sin ella está claro que se ríen de nosotros.
Ángel Salgado II
El miedo como herramienta para conseguir la paz.
(Ironía efectiva)
Ángel Salgado III
El médico de la cruz roja sacaba piedra tras piedra para intentar salvarla.
Lo escuchaba gruñir con el esfuerzo y olía su sudor.
A la vez, intentaba cantar una canción infantil para calmar sus gemidos.
La mano de su hermano pequeño, Farid, estaba helada en la suya y hacia tiempo que no lo escuchaba.
El señor blanco no paraba de cantar y hablar.
Hablar y cantar.
Cuando la alzó y la envolvió en su abrazo cálido, le dijo al oído :
«Europa por fin despierta!!!
Hay disturbios en todas las carreteras de España pidiendo Paz!!
Resiste, pequeña.
Pronto serás libre!
El mundo os comienza a mirar!!…»
Almhudaina, sonrió agradecida.
Y en ese mismo momento, entregó su alma a Alá.
La Renacida
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