
EMILIA
La silla se movió sola, se arrastró sobre los viejos tirantes de pinotea.
El ruido del arrastre, se escuchó hasta en la cocina de la casa de la señora Paula.
Emilia dormía, pero su mente no.
ETERNA VIDA
Abrió y cerró los ojos.
Al día siguiente abrió y cerró los ojos.
El tercer día, en su habitación, abrió y cerró sus ojos.
Luego no los volvió a cerrar.


