
El Betis volvió a responder en una noche muy especial en La Cartuja, donde Pellegrini recibió el reconocimiento por convertirse en el técnico con más partidos en la historia verdiblanca. Y qué mejor manera de celebrarlo que con una victoria sólida, convincente y que reafirma las buenas sensaciones del equipo.
Desde el pitido inicial el Betis quiso mandar, con la pelota y con la intensidad. Y lo cierto es que la primera parte fue un golpe de autoridad: presión alta, circulación rápida y verticalidad cuando tocaba. El 1-0 llegó en el 19’, cuando Abde definió tras una gran recuperación y asistencia de Fornals. Minutos después, Cucho Hernández firmó el 2-0 con un disparo ajustado que encendió a la grada. En apenas 40 minutos, el Betis ya había encarrilado el encuentro.
La segunda parte fue de control, de saber dormir el partido cuando convenía. Ahí apareció la figura de Amrabat, imperial en la sala de máquinas: dio equilibrio, robó balones clave y siempre ofreció una salida limpia. Su presencia en el doble pivote dio al equipo esa sensación de seguridad que permite jugar con calma incluso cuando el rival aprieta.
Y si hablamos de seguridad, no se puede pasar por alto el partidazo de Valentín Gómez. El argentino se multiplicó en defensa: ganó duelos, anticipó como un veterano y sostuvo la zaga en los pocos momentos de duda. Transmitió jerarquía y contagió al resto. Partido de esos que marcan carácter en una temporada.
Osasuna lo intentó, pero se estrelló una y otra vez ante el orden del Betis, que apenas concedió ocasiones claras. El 2-0 fue inamovible y dejó la sensación de que, cuando el equipo juega con este nivel de compromiso, es muy difícil meterle mano. Victoria justa, de las que suman confianza y consolidan la idea de que este Betis quiere pelear arriba.

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