Microrrelatos

  • Arcadia

    Arcadia

    I Playas, sierras, valles, montañas y mar.Cultura, fiestas, tradiciones, gastronomía…La alegría que ya rebosa al despertar¡Que le den al Paraíso! ¡Yo me quedo en Andalucía! II Después de navegar por los siete mares sorteando tormentas y huracanes. Después de algunos tragos de más al vino y comer hasta reventar cuando podíamos. Después de los dulces…

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  • Microrrelatos de las vistas a la playa

    Microrrelatos de las vistas a la playa

    IDesde temprano se escucha por la escalera a la mujer cargada con la sombrilla, el marido con la nevera, el niño pidiendo un helado. Escasos días cuentan para volver a casa, pero al menos estos son para ellos. IIYa se van consumiendo los últimos días de vacaciones. La rutina acecha sigilosa pero repentinamente presente. Salpiquemos…

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  • Mondo

    Mondo

    Desde que lo vi, me dieron ganas de meterlo en la bañera. Esos ojos verdes, esa piel morena, esa sonrisa contagiosa… Y pensando en eso, cogí la mano que me tendía mientras ponía, un buen chorro de gel en el agua. Le dije en voz alta…»al agua patos…!!!» Mi nieto quedó mondo y lirondo. La…

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  • Microrrelatos de la macedonia

    Microrrelatos de la macedonia

    I La abuela siempre decía que hay que aprovechar los momentos más dulces, que los amargos ya vienen solos. Ahora, en verano, hacemos macedonia en su honor. II La manzana, presa de la duda, espera. El plátano, verde amarillento, incapaz de decidir su color. La naranja, amarga del árbol citadino, dulce del campo, cada cual…

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  • Eunoia

    Eunoia

    Tengo en mis manos un vaso de té helado para refrescarme en una mañana calurosa. Doy pequeños sorbos para hacerlo más placentero y me asomo a la ventana. Llueve pausadamente, las temperaturas bajan y mi pensamiento se tranquiliza al compás, se convierte en eunoia o algo bonito mientras trabajo. Arancha Naranjo IQue te pasees por…

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  • Microrrelatos del zapato rojo

    Microrrelatos del zapato rojo

    Salgo a correr de buena mañana. Y sobre la acera, aquel zapato de Cenicienta Roja, me llamaba. Lo cogí, sin dudarlo, y seguí corriendo sin soltarlo. De manera incongruente, pero con ritmo. Al llegar al Retiro seguía con él en la mano. Lo llevé a casa y planté dentro flores. La Renacida Tenía un sueño…

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