Nuestros relatos

  • Te pido perdón

    Te pido perdón

    Hoy vengo a ti, acá donde me siento en mi guarida, allá donde afilo mis colmillos, allá donde ahogo mis penas en palabras, aquí de donde nunca debí irme. No, no tuve la dicha de sentir ningún soplo de viento como el poeta y sí, entono el ‘mea culpa’ por crearte, sentirme, mimarte, ponerte guapa…

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  • En qué orilla

    En qué orilla

    Meditabundo aunque sin melancolía presente se dispone este Rey Santo a perderse para encontrarse. Años, lustros, décadas, siglos acontecen el devenir en el reino y sempiternamente con la bendita costumbre de mimetizar con el medio, con los del medio, con el pueblo para no perder connotaciones y matices de la cohorte. En mi ya característico…

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  • Ahora es tarde

    Ahora es tarde

    Cada palabra que no dijiste, se quedó encallada a la orilla de alguna disculpa, de algún te quiero dicho a tiempo. Cada palabra que no te dije, fue haciendo el nudo que desde entonces habita en mi estómago. Cada día que no nos miramos al despertar por la mañana, fue un pellizco haciéndose grande en las amanecidas…

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  • Encerrado contigo

    Encerrado contigo

    En un puerto sin nombre, encerrado en la bodega de mi cascarón, velamen recogido, incesante lluvia que pone la sintonía de mis pensamientos al chocar contra la madera. Vaso intermitentemente lleno de ron, sonrisilla torpe y picarona y alzándolo al cielo, salpicando allá por todo su recorrido brindo por ti. En los mentideros se escucha…

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  • Esbelta y Bella

    Esbelta y Bella

    Jamás supo el ser humano de la existencia de ajardinado edén que se comparase con tu belleza. Grandes jardineros labraron tu tierra con la fehaciente certeza de que florecerías esbelta y bella, radiante flor entre las flores. Jamás hubo conocimiento de labranza tan sofisticada, efectista y efectiva. Cimientos que a buena tierra se agarran para…

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  • Amores que nacen

    Amores que nacen

    Tumbado en la cantina de mi viejo amigo Kekoa, sentado cuatro palos mal puestos que le dicen silla y con mis botas encima de mi propio altar del vino, jarra en mano, brindaba por mis conquistas más recordadas con el gesto torcido y balbuceando en voz alta. Mi buen amigo Kekoa, que en su dialecto…

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