Nuestros relatos

  • Azdelí Lidot – capítulo 28

    Azdelí Lidot – capítulo 28

    En la Fortaleza la señora Horig preparaba el té de jazmín para la reina, y de vez en cuando acomodaba el bolsillo de su delantal, distraída. —¿Te encuentras bien? Claro que lo estás. Mami, cuida de ti, porque tu papá está de lo más dramático. No para de repetir que puedes hablar, pero hace mucho…

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  • Y tú te empeñas…

    Y tú te empeñas…

    En tu silla de enea observas a Sevilla, esa que te enamora. Un Postigo y un Arenal te veneran y un Baratillo te susurra, anda y canta una saeta, de aquella que tu cantabas.Me gusta que me pregunten cosas que yo conocí, de Sevilla a la gloria. Añoranzas, siempre añoranzas, que son nuestras también. Porque…

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  • ÁzdeliLidot – capítulo 27

    ÁzdeliLidot – capítulo 27

    La señora Horig caminaba, preocupada. La cena había terminado y todos se encontraban muy atareados. Hacía horas que buscaba a Didig, así como Merhug, quien lo evidenciaba con su torpeza.  —Si lo deseas, te doy un martillo —gritó el señor Turig, cansado por tanto destrozo—. ¡Así terminarás antes!  —¡Déjalo, Turig! —dijo la señora Horig, apartando…

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  • Cómo dibujar la diversidad

    Cómo dibujar la diversidad

    Cuando vives en el pleno convencimiento, tus pinceles son capaces de sacar a la luz esa seguridad y sí, todos tenemos sitio en este maravilloso mundo de luz y colores donde una ventana con vistas a un olivar es el ojo inmenso de buey aunque rectangular por donde el haz de vida entra en forma…

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  • ÁzdeliLidot capítulo 26

    ÁzdeliLidot capítulo 26

    En las inmediaciones de la Fortaleza, todo se preparaba para la prestigiosa cena Amatis. «Estoy aquí, majestad, disculpe la demora», dijo Eleris entrando en la habitación con varios vestidos. —Seleccioné el gris, majestad. Pero si no le gusta, he planchado estos dos modelos más. Aunque estoy convencida de que este le quedará perfecto, mi señora.…

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  • No hay palabras…

    No hay palabras…

    No quiero que pasen días sin verte, Sevilla. No puedo ni debo permitirlo. ¿Pero que tienes que me enloqueces? Quisiera hacerme entender, aunque ni yo misma sepa explicarlo. A veces, me revelo con las propias palabras, porque sé que no están a la altura, nunca están a la altura. Es entonces cuando reto a tanto…

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