
El fútbol es cuestión de tendencias. Parece que eso va quedando muy claro a todos y la de este Sevilla FC es cuesta abajo. Máximos accionistas y dirigentes que ven como cae y cae y el precipicio de la Segunda división acecha y siguen postrados en sus poltronas de ricachones trincadores y en el césped, una plantilla inofensiva, paupérrima, incapaz, falta de ideas y de capacidad que dirigidas por un entrenador del montón, nos brinda tragedias cada vez que se pita el inicio de cualquier partido, ante cualquier rival, porque el rival juega dentro siempre.
Ayer fue un Girona del montón el que nos visitaba en un huequito sin lluvia que nos dejaba la Borrasca Marta para contemplar y sufrir, la Borrasca Nervión. Llueve sobre mojado, temporal de más de tres años donde a pesar de lo que cae, el caudal es cada vez más escaso. Curiosa contradicción: tormenta, borrasca, rayos, truenos y escasez todo en uno.
El fútbol es de esas cosas que menos puedes apreciar cuando ves un partido del Sevilla. Ni hay defensas -a pesar de que Kike Salas obra algún milagro puntual como ayer con un golazo salvador-, ni hay creación ni destrucción de juego en ein centro del campo mucho más aparente que efectivo y arriba nada: ni gol, ni fútbol, ni maldad, ni intención. Solo nos salva un Odysseas Vlachodimos que semana tras semana se viste de Palop, se pone el traje del Bono y sigue salvando puntos como ayer. Último segundo de eso que podríamos llamar partido de fútbol y tras 90 y muchos minutos de NADA, un penalti tan claro como infantil de un lateral chileno, internacional, que parece un benjamín jugando con adultos cuando se pone la casaca nervionense y cuando todos nos preparábamos para la tragedia máxima, el griego detuvo un penalti para salvar un punto del que nos acordaremos a final de temporada, salvo que la consumación de lo esperado lo haga insuficiente.
Y para colmo, como a perro flaquísimo todo se le vuelven pulgas gigantes, el señor colegiado, por tildarlo de alguna manera, deja en el limbo de las jugadas evidentes dos penaltis por manos clarísimas que por muy malos que seamos, al menos uno hubiéramos acertado a anotar y hubiese cambiado el transcurrir del encuentro y el equipo de Almeyda sumaría los tres puntos que se antojaban vitales viendo como se viene el calendario en esta segunda vuelta.
Nada funciona, todo muere y la impotencia de todos es la señal de que quizás no se pueda hacer nada más porque nada más hay salvo una due diligence que medio convenza a Sergio Ramos y los fondos de inversión que le apoyan y esto pueda cambiar a corto plazo. Si no, se masca la tragedia. Se masca la tormenta perfecta y el naufragio parece inevitable.



