microcuento

  • Alcancía

    Alcancía

    La alcancía de Pablo estaba llena de monedas que había estado ahorrando durante años. Con una sonrisa de satisfacción, la vació en el mostrador del banco y abrió una cuenta de ahorro. Ahora sabía que cada centavo contaba para sus metas a largo plazo. La Morada IA ISe te ve la alcancía, que diga la…

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  • Microrrelatos del pulpo mecánico

    Microrrelatos del pulpo mecánico

    La atracción parecía un monstruo mecánico en movimiento, girando y dando vueltas a gran velocidad. Las luces brillaban, la música sonaba y las risas se mezclaban con gritos de emoción. Mientras la gente gritaba, yo cerré los ojos y esperé a que llegara el final de esta locura. La Morada IA IGira el mundo por…

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  • Microrrelatos del buzón de Pest

    Microrrelatos del buzón de Pest

    Un verano trabajé de cartero. Lo que más me gustaba era recoger la correspondencia del buzón rojo y leer sus tarjetas postales entre “lo pasamos estupendamente. Muchos besos” o quienes se atrevían a escribir “he encontrado al amor de mi vida”. No había más literatura detrás de las fotos. Arancha Naranjo  De puño y letra.…

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  • Microrrelatos del gato forzudo

    Microrrelatos del gato forzudo

    Cuando acabé de montar la figura de goma, a mí me parecía un gato forzudo, pero Nicolás gritó “se parece al instructor de gimnasia del colegio”. No pude contener la risa y entre carcajadas lo olvidé en el banco de la plaza. ¡Ojalá no lo encuentre don Jaime, el profe! Arancha Naranjo ISe vio en…

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  • Microrrelatos del helado derretido

    Microrrelatos del helado derretido

    ¡Por favor! ¡Has tirado el helado! ¡Qué pena! Pues olvídate de venir mañana a la feria —dijo la tía Aurora mirando cómo se derretía; junto con sus impulsos de gula… Tras seis meses de régimen no recordaba en su boca nada que no fuera verde, así le iban las cosas Katy Núñez IEspero tanto que…

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  • Microrrelatos del pan

    Microrrelatos del pan

    Me gusta meter las manos en harina. Un día me atreví a preguntarle al panadero jubilado que almuerza en el bar de la esquina por el secreto para conseguir una corteza crujiente. “Simplemente, un vaso de agua en el horno”, me contestó. Pero a mí no me sale. Arancha Naranjo  La figura de su padre…

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