Microrrelatos

  • Emilia // Eterna vida

    Emilia // Eterna vida

    EMILIALa silla se movió sola, se arrastró sobre los viejos tirantes de pinotea.El ruido del arrastre, se escuchó hasta en la cocina de la casa de la señora Paula.Emilia dormía, pero su mente no. ETERNA VIDAAbrió y cerró los ojos.Al día siguiente abrió y cerró los ojos.El tercer día, en su habitación, abrió y cerró…

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  • Microrrelatos de las nubes

    Microrrelatos de las nubes

    Las nubes amenazaban tormenta. Decidí quedarme en casa en lugar de ir a bañarme. Me dediqué a hornear magdalenas y trabajar. Por la tarde asomada a la ventana, veía a los bañistas regresar exhaustos y divertidos a sus casas. Ni una gota de lluvia. Y yo demasiado precavida. Calila La levedad del ser. Un bramido…

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  • Microrrelatos del faro

    Microrrelatos del faro

    Y mientras la tormenta zarandeaba el barco, la oscuridad la rodeaba. Locura fué salir a navegar sola y locura fué no poner proa a puerto con los primeros vientos. Cuando oraba ya por su alma, la vió: la luz cegadora y celestial, marcando la línea de costa. Tres horas después estaba exhausta y llorosa, tirada…

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  • Yesca

    Yesca

    IDicen que el roce hace el cariño…Y que brote el fuego que llevamos dentro! IITe va demasiado la marcha, la gresca. IIINo te andes por las ramas, d ya la batalla yesas formas tan grotescas. IV¡Esa camisa es dantesca! V¡Aaaaaah!, esto iba de relatos con yesca.¡Perdón, perdón…! Juanma García Cuentan que una ola de calor…

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  • Microrrelatos de la libélula

    Microrrelatos de la libélula

    A veces en vuelo, a veces detenida,tan rápido como su vuelose nos va la vida. La tomo en mis manoscon sutilezaNo vaya a romperSus alas, su belleza. Manuela Sánchez Rondas bien cerquita, te siento Tu vuelo me atrapó una vez más, mi fiel libélula. Escondámonos en tu hábitat, por momentos, un lindo refugio de paz…

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  • Amanecer

    Amanecer

       La cúspide sonora del silencio se hacía escuchar en la ciudad.    Las herraduras de las patas de los  caballos golpeaban los adoquines humedecidos por la llovizna.    Los vidrios empañados de las ventanas, por la respiración de Ana y Juan que se disfrutaban de su piel en cada roce, en sus besos y…

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