sevillanas
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…la más movible y voltaria mujer del mundo.
Una pequeña mancha blanquecina sobre su garganta le delató, efectivamente se trataba de uno de tantos vencejos que apoyaba sus garras sobre la piel de bronce de la giganta cervantina. Ella los dejaba juguetear, entre las flores de lis de su corona, pero tras mantenerse inmóvil por horas, emitía una especie de bostezo al cambiar…
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¡Silencio! Es el amor que pasa…
Atardecía en el parque de María Luisa. Tres féminas paseaban sin destino determinado y decidieron descansar a la sombra de aquel ciprés, de porte majestuoso, sin duda, sería testigo de excepción de cuánto allí acaecería. Pareciera estar predestinado, digno de contemplar tan bella estampa. Absortas en sus pensamientos mostraban con arrojo su sentir más profundo.…
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Celosa
No traigo a la data presente bella poesía para ti. En el pretérito zaguán de un corralón de Triana cayeron las rimas y un gitano del barrio casi sin quererlo, las transportó hasta la orilla del caudaloso camino acuoso que le da empaque a cada mirada perdida. No, hoy no trae este Rey Santo versos…
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La soledad del solitario
Resulta una denominación redundante pero detengan la temporalidad, posean certeza de mente en blanquecina tonalidad, y conjuguen el verbo desgranar en presente perfecto y muy continuo tanto, que gocen en la rabiosa actualidad de vivencias del futuro sin otear pretéritos acontecimientos acaecidos. Soledad, ¡ay! Incontables e innumerables casuísticas en las que gozamos y padecémosla; así…
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Fuerzas dominantes
Perdido en el análisis de la belleza de Sevilla, mi cerebelo viaja kilometrajes luminosos insospechados en aras de la búsqueda imposible de estrellas, planetas u otros cuerpos celestes o de indiferente tonalidad predominante que sirva para realizar comparación exhaustiva de cuanto a nuestro alrededor vislumbramos atónitos. La conclusión es obvia, evidente o cómo anhelen manuscribir.…





