Sentado bajo tu no sombra, disfruto y me alegro que hasta la primavera te haya privado de tus flores y no impidan que el Sol toque y bañe mi piel con sus rayos.
En este momento tú eres mi única compañía, junto a unos pájaros que revolotean animosos entre tus amigos más frondosos y una leve brisa que nos refresca.
Me tumbo cerca tuya, lo justo para no molestarte ni que tu presencia se sienta invadida por la mía. Ambos contemplamos nuestro alrededor, tú lo haces obligado y yo por gusto. Pero realmente no solo estoy por eso aquí, quién sabe por qué estoy.
De entre todos los que allí había, sin necesidad ni rumbo, acabé bajo tu cobijo. Y mira que los había más llamativos, aunque seguro no más hermosos, pero he acabado aquí contigo.



