Aún estamos bajo las secuelas de una Semana Santa pasada por agua, tortuosa y triste para la mayoría de los cofrades y con graves pérdidas en el sector hostelero. Cuentan que las pérdidas rondan el 40%, un desastre…
Pues mientras en las priostías se empieza a guardar la plata, y las cererías recogen todo el material no utilizado, en Los Remedios, surge de lo más profundo de mi Sevilla un Arco colorista y muy colorido. Una puerta azul a otra ciudad, la del albero, la de la manzanilla, la del cante por sevillanas y las flamencas guapas con flores en el pelo. La ciudad del paseo de caballos, la de las manzanas dulces, las del algodón de azúcar, la de la tortilla de «papas», el queso y el jamón, esa en la que te vuelves majareta y sólo tienes hora de entrada. La de los amigos en sus casas de telas a rayas, la de las fachadas triangulares y bonitos encajes, la de los farolillos…
